Europa cierra filas con el ataque de Trump

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Por El Mundo

Tras una larga serie de desencuentros, la UE y la OTAN cerraron filas de forma clara con Estados Unidos. El ataque en Siria, lejos de generar rechazo, ha unido a la comunidad internacional contra el régimen sirio y Rusia.

El discurso más contundente llego, desde luego, de Londres, donde el equipo de Theresa May calificó de “respuesta apropiada” el bombardeo ante la “salvaje” agresión de los días previos. Francia y Alemania, en un comunicado conjunto, destacaron que “una instalación militar usada para ataques químicos fue destruida” tras ser ambos gobiernos advertidos con antelación. “Asad tiene toda la responsabilidad de lo ocurrido. Su uso continuado de armas químicas y los crímenes en masa no pueden quedar impunes”, coincidieron Hollande y Merkel.

La primera reacción de las instituciones europeas fue la del presidente del Consejo, Donald Tusk: “El ataque aéreo norteamericano muestra la determinación necesaria contra los bárbaros ataques químicos. La UE trabajará con EEUU para acabar con la brutalidad en Siria”, escribió en su cuenta de Twitter.
Cuando pocos se habían pronunciado, las palabras de Tusk sorprendieron por el tono de un alto cargo que, en teoría, debería hablar en nombre de los 28. Pero poco después quedo claro que estaba totalmente en sintonía con la posición general. “El régimen Sirio tiene toda la responsabilidad de lo que ha ocurrido.

La OTAN ha condenado consistentemente el uso continuado de armas químicas por parte de Siria como una clara violación de las normas ya cuerdos internacionales”, coincidía poco después el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. “Cualquier uso de armas químicas es inaceptable, no puede quedar sin respuesta y se debe exigir cuentas a los responsables”.

En Bruselas nadie celebró los ataques pero tampoco los criticó. La postura oficial es que la responsabilidad es de Asad y que el ataque con armas químicas exigen una reacción inmediata y clara. “El repetido uso de este tipo de armas requiere una respuesta”, coincidió el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. “Hay una clara diferencia entre ataques aéreos sobre objetivos militares y el uso de armas químicas contra civiles”.

La alta representante para la Política Exterior, Federica Mogherini, perfiló un poco más el mensaje. Y si bien explicó en un comunicado que los misiles tenían “la comprensible intención de prevenir y evitar la expansión de este tipo de armas”, mandó un recordatorio a Washington, argumentando que “la UE cree firmemente que no puede haber una solución militar al conflicto”, sino que debe de ser “política” en la línea de las resoluciones de Naciones Unidas.

También hubo consecuencias en el Parlamento Europeo. Su presidente, Antonio Tajani, decidió suspender una conferencia organizada por el eurodiputado español de IU Javier Couso, quien visitó a Asad hace unos meses en Damasco, defiende la legitimidad de su gobierno y ataca regularmente a quienes la ponen en duda. Tajani cree que “desde el punto de vista político, es claramente inoportuno mantener esta conferencia” y además ha denegado el acceso a las instalaciones al invitado estrella, Ayman Soussan, secretario de Estado de Exteriores sirio.

A quienes no gustó la acción norteamericana fue a algunos de los simpatizantes de Trump en Europa. Nigel Farage se puso en la piel de los “votantes que estarán preocupados por esta intervención militar”. Su sucesor en UKIP y Mateo Salvini, líder de la Lega Nord, lo calificaron de “grave error, horrible idea y un regalo para Estado Islámico”. Marine Le Pen, mucho más cuidadosa, se limitó a señalar su “sorpresa” y criticar la precipitación.