
Felipe de Edimburgo, el esposo de la reina Isabel II, falleció este 9 de abril a los 99 años, edad que lo convierte junto con su esposa en uno de los monarcas más longevos. Felipe contrajo matrimonio con la reina el 20 de noviembre de 1947 y aunque eran una de las parejas más estables dentro de la realeza, existen varios mitos en torno a ellos, como por ejemplo el lazo sanguíneo que los une.
Y aunque parezca algo irreal, lo cierto es que entre la reina Isabel II y Felipe de Edimburgo sí existe un lazo sanguíneo. A continuación, te contamos cómo es que esto es posible.
Felipe de Edimburgo, originario de Grecia, se casó con la reina Isabel en 1947, razón por la que tuvo que renunciar a la religión ortodoxa griega, así como a su título de príncipe de Grecia y Dinamarca.
Tanto la reina Isabel II como su esposo provienen de familias que han ocupado puestos importantes dentro de la monarquía europea, por lo que su matrimonio fue una manera de seguir con la tradición de casarse entre personas pertenecientes a la realeza, algo que sus nietos William y Harry no continuaron.
Al pertenecer a familias provenientes de la realeza, Isabel II y Felipe comparten un lazo sanguíneo. Todo esto se remonta a la reina Victoria, tatarabuela de Isabel II, quien fue coronada como reina de Inglaterra en 1873, ella se casó con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840, fruto de este matrimonio nacieron nueve hijos.
Debido a que la reina Isabel II y Felipe de Edimburgo comparten un lazo con la reina Victoria, esto los convierte en primos terceros. Aunque no es un lazo sanguíneo muy cercano, lo que sí es cierto es que el nacimiento de ambos monarcas es resultado de la gran familia que formó Victoria.





