Estamos ante una tercera guerra mundial a trozos: Papa Francisco

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Por ABC

El Jueves Santo del Papa Francisco está teniendo un sabor muy especial, intenso y evangélico. Por la mañana el Santo Padre celebró la misa con los sacerdotes, después almorzó con diez párrocos romanos en el apartamento del número tres del Vaticano, y por la tarde ha celebrado los oficios del Jueves Santo a una cárcel situada a una hora de automóvil de Roma. Es un centro donde cumplen condena 70 presos muy especiales: son culpables de delitos muy graves, están arrepentidos, colaboran con la justicia y ocho de ellos sufren tuberculosis.

Toda la jornada fue un remolino de actividad, en una Roma «tomada» por turistas y peregrinos, entre los que figuran varios miles de jóvenes de todo el mundo. En una entrevista, el Papa explicó que iría a celebrar la misa de la Cena del Señor con los presos de Paliano porque en el pasaje evangélico del juicio universal se dice “era prisionero y vinisteis a verme”. Ese mandato de Jesús vale para todos, pero sobre todo para el obispo, que es el padre de todos.

Francisco manifestó también que en esta Semana Santa “me siento movido a pedir con más fuerza por la paz en este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan dinero con la sangre de los hombres y las mujeres”. Según el Papa, “hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diversas formas de violencia y en el abuso de los más débiles. Por desgracia estamos ante una tercera guerra mundial a trozos”.

Por la mañana, en la misa que cada obispo celebra con los sacerdotes de su diócesis el día de Jueves Santo, el Papa Francisco había insistido a los de Roma en que al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre el anuncio con toda su persona, hace alegre el anuncio con todo su ser. Precisamente con los detalles más pequeños, los que mejor contienen y comunican la alegría.