Por Misael Mora
Con el correr del tiempo, en México hemos aprendido que generalmente en los dos primeros años de cada sexenio es cuando un presidente suele gozar de mayor poder e influencia; al llegar su tercer año esa potencia va disminuyendo, y entrando en los dos últimos años de su poderío comienza el desánimo entre los empresarios y también entre los medios de comunicación más influyentes, de modo que es en ese momento cuando ya se comienza a poner atención en los movimientos de los nuevos pretendientes al poder presidencial en México.
Los empresarios analizan si el perfil de los nuevos candidatos genera o no estabilidad y confianza económica y para el clima de negocios; en el caso de los medios de comunicación deberíamos decir que exponen ante la audiencia si las propuestas de los contendientes aportan estabilidad social o no (entre otros aspectos relevantes), sin embargo a partir de 2012 vimos que más bien son actores que directamente contribuyen y meten mano en la construcción de la imagen de los aspirantes presidenciales ante la población, continúa así porque los ciudadanos siguen teniendo el poder para llevarlos o no al máximo puesto de mando de esta nación.

En la década de los 90 se llevó a cabo una investigación entre la Universidad del Suroeste de Luisiana y la Universidad de Kentucky (ambas en Estados Unidos) para saber si influye o no la información benéfica que los medios presentan sobre un candidato para inclinar así el voto hacia este, el resultado fue afirmativo, es decir, se comprobó que la difusión de información por parte de medios masivos de comunicación sí incrementa el voto en favor del candidato beneficiado con datos más favorecedores para su imagen.
Este estudio psicológico demostró dos cosas más: la primera, que la decisión de votar entre cada uno de los electores se ve influenciada por las expectativas (de modo que si se manipulan las expectativas se puede influir en alguna medida en el voto del elector); y la segunda, se mostró que entre los que están indecisos o los que tienen una convicción débil por un partido político o candidato, hay mayor inclinación a votar por aquel que los medios muestran como el probable ganador de la contienda electoral.
Las conclusiones de dicha investigación pudimos comprobarlas en carne propia casi 20 años después con el resultado final del proceso electoral de 2012, marcado por un Enrique Peña Nieto utilizado como la materia prima principal de un plan cuidadosamente maquinado por años para lograr el retorno del PRI al poder. Recordemos que los mensajes favorables en los medios (principalmente de Televisa) hacia el ex gobernador del Estado de México, comenzaron desde el año 2005 con una línea editorial que vigorizaba el retrato que las personas se hacían del mexiquense durante los siete años que duró su telecampaña.
¿Cómo saber si la línea editorial de Televisa (favoreciendo la imagen de Peña Nieto) fue la que (entre otras cosas) planchó su camino triunfante hacia Los Pinos? Para saberlo veamos cómo se informó la gente sobre los candidatos del 2012 en dos niveles socioeconómicos:
a. 77 de cada 100 electores del mejor nivel económico (el nivel A) dijeron que se informaron sobre los candidatos a través de las noticias de la televisión. El resto por otros medios.
b. 87 de cada 100 electores del nivel socioeconómico más bajo manifestaron haberse enterado de los candidatos por la televisión, es decir que casi 9 de cada 10 electores pobres solamente tuvieron a la televisión como medio para informarse sobre el proceso electoral y los candidatos de aquel 2012.
Según conclusiones de investigadores del Colegio de México sobre este asunto, esto significó que los pobres de este país no tienen acceso a otros medios de información diferentes a la televisión, lo cual los convierte en un sector de la población “altamente vulnerable a la manipulación mediática”.
Ahora bien, y para hablar de la conclusión del estudio hecho en Estados Unidos que afirma que los indecisos o aquellos con convicción débil se inclinan por el candidato que los medios muestran (o demuestran) como el probable ganador, veamos lo que hicieron las empresas encuestadoras en 2012; pero antes hay que acotar mencionando que el periódico The Guardian y la revista Proceso denunciaron a Televisa por los millonarios contratos que hizo para exaltar a Peña Nieto y mostrarlo como el indiscutible ganador de la elección presidencial.
Durante el proceso electoral de 2012, las empresas Consulta Mitofsky (contratada por Televisa), Parametría (contratada por el grupo de El Sol de México), GEA-Isa (Milenio), Beltrán y Asociados (Excélsior), Buendía y Loredo (El Universal), Indemerc-Harris (El Financiero) le dieron ventajas a Enrique Peña Nieto por dos dígitos sobre sus otros contrincantes, pero el día de las votaciones el actual presidente no ganó por el margen que tanto defendieron y aseguraron las encuestadoras en los medios, ello puso muy en duda los procesos con los que estas empresas hicieron su trabajo, pues oficialmente Peña Nieto ganó por 6.51 puntos.

EL CASO DE MÉXICO EN 2012
En ese año, estas compañías no se apegaron a los métodos que la estandarización internacional exigía para este tipo de trabajos y por ello se les acusó de manipular sus resultados y de usarlos como una propaganda para favorecer la imagen de Enrique Peña Nieto. El resultado final fue este: quienes señalaron a la televisión como su principal fuente de noticias manifestaron claramente una mayor preferencia por EPN (36.3%).
Para reforzar las conclusiones del estudio hecho en la Unión Americana, ahora veamos los resultados que arrojó una investigación realizada por el Instituto de Ciencias Físicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, mismo que analizó las elecciones de 2006 y cuyas conclusiones se dieron a conocer hasta 2012. La indagación estuvo a cargo del físico Luis Mochán y concluyó lo siguiente: el estudio llamado “Meta -Estudio de opinión” asegura que luego de medir cuantitativamente el grado de influencia promedio que se tuvo sobre los encuestados (así como su percepción de la opinión de los demás) “se obtuvo un alto grado de influenciabilidad o de manipulabilidad”, es decir, sí hay probabilidad de influir en la respuesta de las personas con una encuesta.
La investigación encontró que en promedio, cada vez que a alguien se le incita a percibir que el nivel de aceptación de alguna afirmación aumenta en 2%, la probabilidad de que esta persona manifieste estar de acuerdo con dicha aseveración que le fue presentada aumenta en aproximadamente 1%, es decir y en palabras más sencillas: la posibilidad de que la opinión de alguien pueda ser manipulada está cercana a la mitad (50%).Estos resultados constituyen una evidencia muy fuerte de que las encuestas efectivamente pueden influir en la opinión del electorado.
Ante este escenario, podemos asegurar la fuerza que tiene la televisión por ser el principal medio con el cual la población mexicana sigue informándose, mismo que influye no sólo en la cimentación de la imagen de un candidato, pues ¿cómo influirá en la pecepción y en la construcción de nuestra sociedad?
Así las cosas y en estricto sentido, si la utilización de encuestas y mensajes televisivos abona o erosiona la imagen de los candidatos a la presidencia de este país, ¿podríamos decir que las elecciones no serán completamente libres y limpias hasta que no se deje de manipular al electorado con encuestas? para que las elecciones sean más legítimas y en igualdad de condiciones ¿no será necesario regular exhaustivamente la difusión de encuestas en los medios de comunicación en épocas electorales? Y el 2018 cada vez está más cerca…





