
Más del 48 por ciento de la superficie agrícola de Tamaulipas podría quedarse sin sembrar durante el ciclo otoño-invierno 2026-2027, ante la falta de lluvias, los bajos precios de los granos y la ausencia de crédito para que los productores puedan financiar los costos de producción.
Así lo advirtió Juan Manuel Salinas Sánchez, gerente de la Unión Agrícola Regional del Norte de Tamaulipas (UARNT), qurin además, señaló que la situación en el norte del estado es cada vez más complicada, principalmente por la falta de humedad en los terrenos, lo que mantiene prácticamente detenidas las labores de preparación de tierras de cara al próximo ciclo agrícola.
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Y es que recordó que durante el ciclo otoño-invierno 2025-2026 apenas se logró sembrar alrededor del 48 por ciento de la superficie agrícola, por lo que, si las condiciones de sequía persisten, el porcentaje de tierras que quedarán fuera de producción podría incrementarse todavía más.
“La falta de humedad, la falta de crédito y los bajos precios es una tormenta perfecta en contra de la economía del productor”, expresó.
Salinas Sánchez explicó que actualmente existen alrededor de 780 mil hectáreas agrícolas en el norte de Tamaulipas que requieren humedad para poder continuar con la preparación de los terrenos.
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Sin embargo, la ausencia de lluvias generalizadas ha impedido realizar las labores profundas necesarias para dejar lista la tierra, por lo que existe preocupación de que no se alcance a preparar una parte importante de las parcelas antes de que llegue el periodo de siembra.
El problema, dijo, no se limita al sorgo, que continúa siendo el principal cultivo de la región, sino que alcanzaría prácticamente a todos los productos que tradicionalmente se establecen durante este ciclo, entre ellos maíz, soya, algodón, trigo y canola.
El sorgo representa alrededor del 90 por ciento de la superficie sembrada en el norte de Tamaulipas, con aproximadamente 600 mil hectáreas, por lo que cualquier reducción en su producción tendría efectos directos tanto para los productores como para la economía de los municipios de la región.
A la falta de agua se suma la complicada situación financiera del campo, pues los bajos precios de los productos agrícolas han reducido los ingresos de los productores, mientras que la falta de crédito dificulta la adquisición de diésel, semillas, fertilizantes, insecticidas, herbicidas y demás insumos necesarios para establecer los cultivos.
Por Antonio H. Mandujano / Expreso / La Razón





