El tonto mito las ninfómanas

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El tonto mito las ninfómanas

Por Esther Balac / El Tiempo

Creer que una mujer que ejerce su sexualidad con libertad procurándose un espacio natural para el placer es una enferma o puede ser calificada de manera absurda bajo el rótulo arcaico de ninfómana no deja de ser una tendencia que desconoce de tajo la dimensión de la sexualidad humana.

Porque ya está bueno que cada vez que una mujer expresa socialmente sus gustos, sus creencias y más sus rechazos y desavenencias con asuntos relacionados con la cama y aledaños sea inmolada y señalada por falsos defensores de una moral impuesta a los totazos.

Digo esto porque hace unos días una joven que tuvo a bien darle a conocer a un conocido sus gustos a través de mensajes personales con el único ánimo de encontrar una opinión o mantener una conversación fue tachada por el receptor como promiscua, ligera y antes de dos clics ya era conocida en un círculo como una ninfómana. Algo que solo merece repudio.

Y aunque lo ideal sería no profundizar en esto para no darles más importancia a estas bajezas, me tomo el atrevimiento de tomar este caso como base para explicar algunas cosas. Lo primero es que cada quien experimenta su sexualidad de manera personal y nadie en ese contexto debe calificarla de excesiva y mucho menos de precaria.

Lo segundo es aclarar que la tal ninfomanía no existe en términos teóricos porque los casos extremos corresponden a un diagnóstico que hace tiempo fue reemplazado por el de hipersexualidad y ligado esencialmente al campo de las adicciones. Para determinarse se requiere de un proceso serio ligado a la cualificación de una patología. Un trastorno.

Pero, eso sí, tener una frecuencia sexual aumentada no convierte a nadie en enfermo, lo que no excluye de ninguna manera que existan componentes biológicos por la búsqueda de sensaciones asociadas a la dopamina implicada en el placer o tolerancias que promueven la búsqueda de estímulos cada vez mayores.

También puede haber hipersexualidad como consecuencia de fármacos como los que se usan para el párkinson o por lesiones en los componentes cerebrales que regulan los impulsos sexuales, sin dejar de lado que puede aparecer como síntoma secundario de trastornos psicológicos.

Todos estos elementos que requieren de mucho análisis. Con esto quiero decir que si bien esta hipersexualidad no es considerada oficialmente como una adicción per se, sí tiene algunos elementos que en ocasiones vale la pena tratar, como cuando la actividad sexual ocupa tanto espacio en la vida de alguien que desplaza obligaciones y responsabilidades y se convierte en una compulsión. Eso requiere tratamiento.

Pero manifestar que el sexo es atractivo y fundamental para su vida es algo completamente natural. Así que a dejar la mojigatería y a disfrutar. Hasta luego.