El Show No Debe Continuar
David Brondo

Es tan absurda la consulta popular del próximo 1 de agosto que someterá al voto popular el ejercicio de la justicia, que dentro y fuera del país medios informativos, periodistas y analistas consideran el teatro impulsado por el presidente López Obrador y Morena como una parodia política.

Algunos comunicadores, incluso, han pedido no acudir a las urnas el próximo domingo.

Bajo el argumento de que la justicia no se consulta, el periodista Max Kaiser, ex director Anticorrupción del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO), ha dado ocho razones para no participar en la consulta organizada por el INE.

  • Es estúpida.
  • Es innecesaria.
  • Es populista.
  • Es engañabobos.
  • Es para evitar gobernar.
  • Es un gasto absurdo.
  • Es un pretexto tramposo.
  • Es propaganda.

El analista Carlos Elizondo ha propuesto no distraerse más con el pobre espectáculo: “Hoy tendríamos que estar discutiendo tantos otros temas urgentes, desde el retraso en la vacunación hasta la estrategia de seguridad. Le sugiero no pierda su tiempo el domingo entrante yendo a votar”.

La revista The Economist ha insistido en las últimas semanas en la necesidad de reconocer en la votación una “parodia” de Estado, cuyo objetivo es abrir un juicio político contra cinco ex presidentes de México.

El enredoso entramado de la pregunta de la consulta popular resulta increíble ante los ojos de los editores The Economist: “¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”.

Pareciera fake news, pero no lo es.El galimatías, dice la publicación británica, bien pudo ser ideado por Cantinflas. En rigor, nada sugiere que la pregunta tenga como destinatarios a los ex presidentes Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, como lo propuso López Obrador, pero es obvio que así es. 

The Economist señala que, decodificada, la pregunta finalmente aprobada por la Suprema Corte, significa tanto como esto: ¿Debería (López Obrador) estar autorizado para orquestar una especie de juicio-espectáculo no oficial de sus cinco predecesores más recientes y sus subordinados?

Adepto a los actos populistas y a los simbolismos, la consulta del presidente probablemente sólo será un pretexto —como han estimado algunos observadores— para crear una “Comisión de la Verdad” que le permita al presidente López Obrador mantener “vivo” un espectáculo político y un show mediático por el resto de su administración. La consiga parece ser sólo una: el show debe continuar. ¿Debe?

El ejercicio tendrá un costo de 528 millones de pesos, un mundo de dinero para un país donde crece el desempleo, escasean las medicinas y la inseguridad y la pobreza golpean por todos lados.A todas luces, es un distractor de los problemas reales del país: recesión, desempleo, violencia criminal, manejo político de la pandemia y autoritarismo gubernamental.

Que la consulta no nos distraiga. Los resultados de la consulta serán vinculatorios para los Poderes Legislativo y Ejecutivo sólo si participa el 40 por ciento de los ciudadanos inscritos en la Lista Nominal de Electores. Si no se alcanza ese porcentaje, la consulta no tendrá valor alguno ni servirá de nada.

Recurrir al voto popular para establecer si se procesa o no a alguien o para decidir si es necesario combatir la corrupción y encarcelar a los corruptos es un despropósito, una comedia barata de la Cuarta Transformación. Votar el domingo no sólo significa avalar la farsa, es también legitimar el uso faccioso de las leyes y los instrumentos democráticos. 

En un editorial reciente, el periódico El País ha señalado la falta de claridad de la consulta, la posibilidad de que termine en un instrumento de coerción o en el desatino de una Comisión de la Verdad creada sin análisis ni discusión pública. “Todo ello”, dice el diario español, “hace prever un fiasco, donde el probable triunfo del sí sea, ante todo, el reflejo de la obcecación presidencial por atropellar las instituciones y los procedimientos de un país democrático. Para la historia, sin embargo, lo que quedará es un ejercicio de funambulismo político y el desgaste de un mecanismo útil como la consulta popular”.

No vayamos a votar el domingo, no legitimemos la necedad gubernamental. El show no necesariamente debe continuar.

Galerín de Letras

La federación y los estados deben aprender de los estragos que causó la falta de coordinación y de una estrategia nacional en las primeras fases de la pandemia. Sería terrible que, en esta tercera ola de contagios, las diferencias de opinión, la charlatanería oficial y las ópticas políticas se impusieran de nuevo y perdiéramos todo lo ganado en estos meses. 

Twitter: DBrondo