
Manteconchas, donchas y conchurras son las creaciones más recientes de la panadería mexicana que han cautivado a más de uno.
Su base, la concha, es uno de los panes más tradicionales, populares y queridos por los mexicanos, pero su origen podría tener más que ver con los franceses y aunque no lo creas, Japón también tiene su versión.
De origen desconocido
Antes de llegada de los españoles, el trigo no era un ingrediente que se pudiera encontrar en nuestro país. Y éste es el ingrediente principal de la harina que le da forma al pan. De modo que no fue sino hasta 1525 cuando el primer molino de trigo abrió en México, según Sonia Iglesias y Cabrera, autora del libro El pan nuestro de cada día: sus orígenes, historia y desarrollo en México.
Fue así como los españoles convirtieron al pan en uno más de los elementos claves de La Conquista; pues no se podría pensar el acto de la eucaristía sin la oblea que representa el pan que compartió Jesús.
Sin embargo, el pan no era un alimento tan gustado, principalmente porque carecía de sabor. Algunos historiadores apuntan a que fue cuando a alguien se le ocurrió remojar el pan en el chocolate cuando nació el amor por el pan dulce; otros que fue un intento por hacer que a los indígenas les gustara con tan sólo agregar un poco de piloncillo e ingredientes locales como el chocolate y la vainilla, de acuerdo al sitio Eater.
Con influencia francesa
Poco a poco el pan dulce fue llegando a los hogares mexicanos, pero no fue sino hasta el siglo 17 cuando los franceses que migraban a México introdujeron sus técnicas de panadería y aparecieron las baguettes del lado del pan salado y el brioche, en el dulce.
Esta masa enriquecida con azúcar, leche, huevo y mantequilla pronto se volvió una de las preferidas y mutó hasta transformarse en diferentes panes como la trenza o la concha, que consiste en un pequeño bollo, generalmente ni salado ni dulce, cubierto con una pasta hecha con mantequilla, azúcar y un poco de harina y puesto en forma de concha de mar, de ahí su nombre.





