
LOS ÁNGELES.- Antes de entrar en una sinagoga para inmortalizar su nombre con el enésimo tiroteo en suelo estadounidense, a John T. Earnest le conocían en su comunidad por ser un chico tranquilo, más bien callado, y con una habilidad especial para tocar el piano. La mayoría desconocían el odio que llevaba años incubando.
El sábado, este joven estudiante de 19 años entró armado con la intención de causar el mayor daño posible en el templo judío Chabad de Poway, cerca de San Diego. A eso de las 11 de la mañana, comenzó a disparar su arma de asalto, un fusil AR-15, con el que mató a una mujer de 60 años y alcanzó a herir a otras tres personas, incluyendo al rabino, que perdió un dedo, y a una niña de ocho años.
Por suerte, el arma de Earnest se encasquilló y no pudo proseguir con la masacre que tenía planeada. Trató de huir preso del pánico, pero fue detenido en el lugar de los hechos, confrontado por un veterano del ejército que se encontraba en la sinagoga, y por Jonathan Morales, un agente de la Patrulla Fronteriza que actuó pese a estar fuera de servicio. Disparó cuatro veces contra el coche del atacante y este se bajó del vehículo con las manos en alto.
Detrás del joven tranquilo y virtuoso pianista ha emergido ahora la figura de un asesino con motivaciones racistas al que se ha vinculado con una carta escrita para explicar, de aquella manera, el porqué del tiroteo. En ese manifiesto que están investigando las autoridades no solo habla de sus planes para “matar judíos”, sino de la supremacía de la raza blanca y de su admiración por Brenton Tarrant, el hombre que protagonizó la masacre en dos mezquitas de Christchurch, en Nueva Zelanda, el pasado 15 de marzo.
“No quería tener que matar a judíos, pero no nos han dejado otra opción. Solo soy un tipo normal que quería tener una familia, ayudar y sanar a la gente, y tocar el piano”, explica la carta en la que expresa su admiración por Adolf Hitler y se tilda de supremacista blanco y antisemita.
De Earnest se sabe además que su familia asiste con regularidad a la iglesia presbiteriana de Escondido, California, y que el joven John solía ir con ellos los domingos, siempre muy callado, de acuerdo al pastor Zach Zeele.
Es el mismo recuerdo que tiene de él uno de sus compañeros de clase en su instituto, Mt. Carmel High School. “Creo que todos lo percibíamos como una persona muy tímida”, indicó Palini Ramnarayan al diario USA Today.
“Tocaba el piano en un concurso de talento cada año y era absolutamente increíble. El resto del tiempo actuaba de forma introvertida y era muy difícil saber lo que estaba pensando”. Sin embargo, recuerda que sí dejó muy clara su postura política en alguna ocasión. “Era un acérrimo conservador de extrema derecha motivado por sus valores cristianos”.
Su expediente académico es impecable, un estudiante dedicado y parte del equipo de natación, un perfil que, de acuerdo a sus conocidos, no encaja en absoluto con el de una persona capaz de matar gente en una sinagoga a sangre fría un sábado por la mañana.





