
El príncipe azul, sí, aquel que desde pequeñas nos inculcaron hasta los huesos. Y es que, cómo no imaginar los olanes blancos de un hermoso vestido danzando entre nuestras piernas. Llegar al altar para encontrarte con el amor de tu vida… el sueño de muchas, pero la realidad de la mayoría es otra. Llegará, pero después del gran error de tu vida.
La vida a veces es dura, golpea como si le debíamos de antes. A veces duele tanto, que te rompes, que sientes que el amor ya no es para ti. Te enojas, porque la verdad es que nadie te enseñó a amar, nadie te dijo lo que es el verdadero amor y eso de idealizar a cualquier patán, se te dio tan natural.
El amor es aprender, es descubrir que el enamoramiento, la química e incluso la presión de los demás porque ya tengas pareja, no es amar. Amar es más que el hombre un día te prometió que te cuidaría, pero no estuvo cuando tus ojos se llenaron de lágrimas. Es más que los gritos, los chantajes y hasta los golpes, del hombre que ayer te besaba.
El amor de tu vida, va a llegar cuando salgas de la sombra que el error de tu vida te dejó. Cuando recojas los pedazos de tantas humillaciones, cuando dejes ir sus infidelidades, cuando te quieras tanto que sus caras de disgusto por cómo lucías se borren, ese día, sin buscarlo, llegará.
No, la vida no avisa, el error de tu vida te va a llegar con la mejor cara y se te va a meter hasta lo más profundo de tu ser. Hasta que tengas ganas de ni siquiera existir, de tumbarte en un rincón porque no podrás con tanto dolor y tanta decepción. Porque lo vas a amar, le vas haber dado todo de ti y te va a exprimir, sin culpa y con toda la fuerza.
Pero, ¿sabes qué? Te vas a levantar, vas a sentir la herida en cada respiro y poco a poco va a sanar. Entonces te dará miedo, miedo de volver a entregarte como lo hiciste con el error de tu vida, pero el amor de tu vida te dará la seguridad que perdiste. Te va a bañar de su pasión y ternura, que no tendrás de otra que sumergirte en sus brazos.





