Editorial 4to. Poder

203

“Un estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo” Sófocles

El encarcelamiento que en este momento vive el ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, no se debe a la eficaz actuación de las autoridades, sino más bien a una suerte de acuerdo en las cúpulas del poder del Partido Acción Nacional (PAN) para no verse debilitado de cara al 2018.

Esto puede ser visto bien por la sociedad como un paso hacia la impartición de justicia, por todas las anomalías y excesos documentados durante la gestión del ex mandatario, no es el resultado de la acción de las instituciones, fue necesario que Padrés se entregará por voluntad propia, para que pudiera iniciarse proceso, situación inédita y que muchos consideran impensable en el caso de los ex gobernadores acusados por delitos muy similares, pero que son militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Si bien es cierto, el ex gobernador de Nuevo León Rodrigo Median ya acudió a declarar a un juzgado, situación también nunca antes vista, lo cual no garantiza que los presuntos desfalcos y desvíos presupuestales puedan acreditarse a los ojos de la Ley y por ende ser sancionados.

En todo este contexto, aún permanece prófugo de la justicia Javier Duarte, a quien ya le incautaron numerosas propiedad, y cuentas bancarias; y no se puede esperar que ocurra lo mismo que en el caso del ex mandatario sonorense.

La clase política debe entender que aunque gracias a sus argucias legales, omisiones y complicidades, muchos de los actos de corrupción y rapiña contra el erario quedan sin castigo, la sociedad está cansada de ello y no porque a un ex gobernador se le haya ingresado a prisión, su imagen sobre la clase política ha cambiado.

Quedan otros mandatarios a quienes llevar a juicio, no por venganza, sino por justicia, sin distinción de colores partidistas, un pendiente del sistema con la sociedad.