Editorial 4to. Poder

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“Vivir correctamente ya no es una demanda ética o religiosa. Por primera vez en la historia, la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano” Erich Fromm.

La ética está definida por el diccionario de la  Real Academia de la Lengua Española como un “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva”.

También la describe como una “parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores”.

Definiciones, claras, sencillas precisas, que son asequibles a cualquier ser humano mayor de 9 años y con una inteligencia promedio, lamentablemente si hoy salimos a preguntar a la población, a nuestros amigos, a nuestros vecinos ¿qué es la ética? No obtendremos respuestas claras y lo que es más cercanas a estas definiciones.

Más allá de definir la ética, de llamar a pensar, a instaurarla a trabajar en su difusión, en su implantación, debemos estar conscientes primero de que el país en sí tiene graves problemas de ética, que no se entiende y que hasta quizá, no se considera indispensable.

¿Cómo los sabemos o lo intuimos? el ejemplo más claro lo tenemos con la revelación hecha el pasado 21 de agosto por la periodista Carmen Aristegui.

Una ambivalente respuesta de la sociedad mexicana ha recibido la investigación periodística que el equipo de la periodista realizó en torno a la tesis para obtener el título de licenciado en derecho, del presidente de la República Enrique Peña Nieto.

Hay quienes minimizan el hecho, señala que 197 párrafos “plagiados” son “pecata minuta” pues solo son el 29 por ciento de la tesis, en tanto el 71 por ciento restante está dentro de lo aceptable. Este argumento con cifras puede sonar contundente, sin embargo si dejamos la frialdad de los números veremos un par de cosas muy interesantes en la sociedad mexicana.

La primera es la tolerancia a los pequeños fraudes, a las pequeñas trampas, a los casi invisibles hurtos, intelectuales por su puesto. Un gran cúmulo de académicos, incluidos muchos de los que fueron plagiados o como dijo un periodista “mal citados”, minimizan el hecho, desviando la discusión no sobre la ética del presidente a la hora de elaborar su tesis, si no en el hecho de que ya pasaron cinco lustros, de que son errores de estilo que en anda comprometen al mandatario nacional.

Otros más lo ven como una falta terrible, la cual emulando lo sucedido en otros países, debería ser causa de la renuncia del Presidente de la República, como en casos similares registrados en otras partes del mundo.

Parece que ambas son posiciones irreconciliables, unas por cierta animadversión al titular del Ejecutivo, otras por una excesiva tolerancia, a esas pequeñas trampas a las que la sociedad ha estado acostumbrada.

La revelación desnuda las fallas de los procesos de titulación de una universidad privada de nuestro país, también que la cuestión ética es muy vaga, incluso en existente en varios sectores de la sociedad, y también muestra que el descredito es la constante cuando un amplio sector de la sociedad piensa en Enrique Peña Nieto.

Este caso no muestra que nuestra sociedad tiene que trabajar urgente y profundamente en la instauración de la ética, para que cuestiones como esa no sean toleradas y mucho menos defendidas. También para que el avance en el combate a la corrupción se pueda dar y para que las instituciones educativas mantengan su prestigio.

También, una última reflexión es muy prudente en este caso, sobre todo tomando en cuenta que hace unos meses fue aprobado el Sistema Nacional Anticorrupción.

¿Qué sucede con un sistema creado para combatir un mal endémico, si quienes habrán de ejecutarlo tiene alta tolerancia a la falta de ética, sobre todo si se trata de personajes públicos, políticos, que tienen una trayectoria pública?

¿Será que el SNA se quedará solo en el papel? ¿se repetirá la historia de nuestro país, en el que tenemos las leyes o reglamentos más completos, más avanzados, pero que no son aplicados en la vida cotidiana?

Lograr una mejor sociedad, una más justa, en la que podamos desarrollarnos personal, profesional y socialmente pasa por la actuación ética de las autoridades, sí, pero también por la de los ciudadanos, cuando dejemos de tolerar las pequeñas mordidas, las dádivas para obtener privilegios en trámites, para saltarnos la fila, para “acelerar” el asunto de que se trate, en ese momento también nuestros gobernantes reflejarán a la sociedad, porque hasta ahora así lo han hecho, han reflejado a una sociedad acostumbrada al favoritismo, a la compra de consciencias, de favores, de juicios.

En nosotros también esta que la actuación ética sea la constante en nuestros funcionarios públicos, en nuestros maestros, en nuestras empresas, en nuestros juzgados, y por supuesto en los poderes ejecutivo y legislativo.

En esta edición de Primera Vuelta Tamaulipas, traemos el tema a debate, no por un capricho editorial, sino por la necesidad de generar el debate al respecto, sobre todo en el contexto en el que nos encontramos, en una sociedad donde la corrupción, la violencia y la inseguridad son una constante cotidiana.