Por ABC
El pasado lunes, en su reunión con el presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, Donald Trump evidenció su inclinación por priorizar los intereses de seguridad y económicos de EE.UU. en las relaciones internacionales, aunque ello implicara dejar de lado la defensa de los derechos humanos. Es la idea del papel de EE.UU. en el mundo que Trump vendió durante las elecciones, y que caló en un electorado cansado de guerras y ocupaciones costosas en Irak o Afganistán: Washington debe dejar de ser el policía moral del mundo y centrarse en defender su seguridad y sus intereses económicos. La simpatía de Trump por mandatarios duros que den estabilidad a sus regiones se encuadra en esa idea.
Las imágenes terribles de los ataques químicos contra población civil en Siria, sin embargo, podrían haberle hecho cambiar de opinión. Trump considera un ataque militar en Siria como respuesta a la agresión de Assad. Así lo contó el presidente a algunos miembros de Congreso, según asegura la CNN. El Pentágono también estaría discutiendo las opciones de respuesta militar con la Casa Blanca, lo que podría incluir un ataque a la aviación del Gobierno sirio.
La revelación llegó un día después de que Trump cambiara por completo su discurso sobre Siria tras ver por televisión las imágenes de los civiles víctimas del régimen sirio. Lo hizo en una rueda de prensa conjunta con el Rey Abdalá de Jordania. Preguntado por si el ataque de Al Assad había traspasado una línea roja, el presidente aseguró que «matar niños inocentes, bebés inocentes» supone traspasar «muchas líneas, más allá de una línea roja».





