En la Opinión de David Brondo

En el marco de su Tercer Informe de Gobierno, Miguel Ángel Riquelme dijo que si Coahuila está de pie es gracias a los trabajadores de la salud, a los que dieron su vida y a quienes aún hoy la arriesgan todos los días enfrentando al virus desde la primera línea de combate en los hospitales.

Lo mismo se puede decir del país: México está en pie gracias a los doctores, enfermeros y especialistas que han decidido apostar por la salud de la población y a jugarse la vida —nunca dicho esto de manera más literal— por el futuro de la nación y de las próximas generaciones.

La falta de una estrategia nacional del gobierno federal y los estados contra el Covid-19 ha llevado a la pandemia a debilitar su activo más preciado y sensible: sus recursos humanos. El personal de los hospitales, en especial de los hospitales públicos, comienza a dar muestras de fatiga y resquebrajamiento.

Un informe de Amnistía Internacional (AI) publicado en septiembre no deja lugar a dudas: México registra la tasa más alta de mortalidad entre el personal médico a causa del coronavirus. Le siguen Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, Rusia, India, Sudáfrica, Italia, Perú y España.

No hay cifras actualizadas sobre la tasa de mortalidad entre los trabajadores de la salud, pero la circunstancias no son muy distintas a las de septiembre, cuando AI calificó la situación del sector salud de México como “sobrecogedora”. De hecho, a juzgar por el posicionamiento realizado ayer por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la situación probablemente sea ahora mucho peor.

El jefe del organismo, Tedros Adhanom Gebreyesus, aseveró que la pandemia en México es “muy preocupante”y los números revelan la mala situación del país, “pues cuando suben los casos y también las muertes es un problema muy serio y le pediríamos a México ser serio”.Parte de esa gravedad señalada por la OMS es una estrategia federal errática incapaz de poner en marcha medidas fundamentales para enfrentar la pandemia, como fomentar el uso de cubrebocas, incrementar el número de pruebas y establecer sistemas científicos de monitoreo de casos, como han hecho Taiwán, Singapur, China y Japón.

Las palabras del líder de la Organización Mundial de la Salud son un recordatorio del insultante desprecio de algo tan básico como el uso del cubrebocas por parte de las máximas autoridades de salud del país. “México”, dijo Gebreyesus, “sigue gravemente afectado por el Covid-19. A todos los líderes del mundo les diríamos que es muy importante que sean un modelo en el uso de mascarillas. La gente requiere comunicación muy clara: si lo que ve en un cartel (de recomendaciones) no lo cumplen las autoridades, hay confusión”.

La alusión es clara: en México se ha llegado al despropósito de recomendar por parte de la Secretaría de Salud el uso del cubrebocas mientras desde la boca del presidente López Obrador y el mismo “zar antivirus”, Hugo López-Gatell se llama a desestimarlo.

Otra de las fallas garrafales de la estrategia es dejar de lado las necesidades fundamentales de los trabajadores de salud. Diez meses después de haber iniciado la pandemia en México, a los médicos y enfermeros en la línea de batalla ni siquiera se les ha dotado de insumos mínimos suficientes para dar la batalla. Hablar de equipos de remplazos, de atención emocional, de estabilidad laboral, de apoyo a las familias de los médicos, enfermeros y personal de los hospitales son palabras mayores.

En la lucha contra el virus, el personal de salud en la línea de fuego es la columna vertebral. Si esa columna cede a grietas o fisuras, con ella se resquebraja el sector salud, la sociedad y el país entero. Si hoy México todavía está de pie es, ciertamente, por los trabajadores de salud.El contagio y la muerte de miles de médicos y enfermeros debería ser motivo de sobra para diseñar una nueva estrategia contra la pandemia y quitar de enfrente al “zar antivirus” y su equipo de colaboradores, acusados hoy de negligencia criminal. No permitamos que la columna vertebral se derrumbe.

Galerín de Plomos

Al iniciar hoy su tercer año de gobierno, el presidente López Obrador debe tenerlo claro: no hay varitas mágicas para gobernar. Los desafíos del futuro son gigantescos en materia de salud, seguridad, generación de empleo, crecimiento económico, justicia social y fortalecimiento de la educación. Es hora de romper paradigmas y renunciar a proyectos unipersonales, obras faraónicas y sistemas autocráticos. Urge reconstruir el país y el futuro en base a un nuevo acuerdo social.

Twitter: @DBrondo

Doctores, Enfermeros y un País en Pie