DESPRENDIMIENTOS, Tochiro Gallegos

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Polvo constructor del mundo,
mundo de sangre impregnado.
Guadalupe Amor

Por Luis Edoardo Torres

Eternizar el instante, arrebatar de la fugacidad los sucesos, imprimir el recuerdo de un cuerpo que vencerá a la muerte… al menos en la memoria.

Es imposible precisar el instante en que el polvo se desprendió del cuerpo. Sólo intuimos que los tensos músculos desnudos se han sacudido de él porque lo vemos invadir el aire. Es un instante detenido, prolongado a eternidad, pero sabemos que hubo un antes y habrá un después. Sin embargo somos testigos de sólo una parte de la historia: el desprendimiento.

Estamos hecho de polvo. El polvo que cubre las tumbas de nuestros ancestros y su memoria, el polvo pegado a la rutina y muebles viejos de nuestras casas, el polvo… siempre el polvo.

Habrá que sacudirse el cuerpo para desprendernos de la piel muerta, del polvo de estrellas que llevamos todavía adherido a los huesos. Hay que sacudir nuestros cuerpos al penetrar otros cuerpos, al estrellarnos contra los acontecimientos de nuestras vidas, al exponer el rostro al viento.

Pequeños terremotos sacuden mi cuerpo y provocan este desprendimiento del polvo: son los días de nuestras vidas.