
Por Agencia Reforma
CULIACÁN, Sinaloa.- La frustrada detención de Ovidio Guzmán, “El Chapito”, en Culiacán, exhibió una cadena de fallas gubernamentales y las complicidades de soldados con sicarios, en medio de la refriega.
El Gobierno Federal aceptó ayer que el operativo para capturar a “El Chapito”, protagonizado por la Guardia Nacional (GN), obedeció a una orden de captura con fines de extradición a Estados Unidos.
La captura no pudo concretarse por la precipitación y la nula comunicación con mandos superiores, además de la falta de previsión sobre las reacciones del cártel de Sinaloa.
El saldo de esas fatalidades fue de 8 muertos: cuatro sicarios, dos civiles, un efectivo de la Guardia Nacional y un custodio carcelario.
También catorce agresiones a fuerzas policiales, 42 autos despojados, 9 vehículos quemados, 8 vehículos militares y un helicóptero agredidos, junto con 55 reos fugados y ataques armados a la Novena Zona Militar, la Unidad Habitacional del Ejército y la Fiscalía Estatal.
El investigador Sergio Aguayo, experto en seguridad nacional, consideró que lo acontecido es una muestra de que faltó un trabajo de inteligencia previo




