“Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla” Napoleón Bonaparte.
Hace tan solo 106 años los mexicanos vimos como el movimiento social que buscaba un cambio en la política y en el gobierno derivó en el estallamiento de la lucha social que hemos conocido como Revolución Mexicana.
Todos hemos leído en algún momento sobre las causas que dieron pie a este movimiento, por ejemplo, la marcada desigualdad social, con una clase gobernante privilegiada y una población en condiciones de pobreza extrema, los abusos en las haciendas, en las fábricas y sobre todo el distanciamiento e insensibilidad del gobierno con las necesidades y demandas de la mayor parte del pueblo.
Conviene recordar, hacer un repaso de todas aquellas condiciones y comparar la situación de aquella época con la actual. Sin duda, las diferencias tecnológicas y la creación de instituciones para dar cohesión al país, serán algunos de los primeros señalamientos. Sin embargo, las condiciones de desigualdad, así como de insensibilidad en los hechos de la clase gobernante para con las necesidades de la población y los casos de enriquecimiento ilícito de gobernantes, los desmedidos privilegios de diputados, senadores, gobernadores, alcaldes, hacen que el sentimiento social sea casi idéntico al experimentado por aquellos que impulsaron el cambio vía las armas en nuestro país.
Hoy en día las condiciones económicas de la mayor parte de la población parecieran mejores que hace 100 años, pues se desarrolló la industria, se crearon escuela, hospitales, se crearon carreteras, se acortaron distancias, pero el estado de marginación y pobreza persisten en una gran parte del espectro social.
Sí, hay empleos, pero estos son mal pagados. Sí, hay hospitales, pero los sueldos que percibe la mayor parte de la población provocan que en caso de enfermedad la adquisición de medicamentos sea un auténtico desafío, que además compromete la economía familiar.
México paso de la dictadura de Porfirio Díaz, a la llamada “dictadura perfecta” que ejerció durante más de 70 años una clase política agrupada en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que se supone termino con los triunfos de Vicente Fox y Felipe Calderón. Pero para la mayor parte de la sociedad, el cambio fue meramente cosmético, únicamente de colores, puesto que en esencia el sistema de partidos continúo manteniendo condiciones económicas y sociales idénticas.
El retorno del PRI a la presidencia de la República tras 12 años de gobiernos panistas solo ha mostrado que la clase política ha pactado rolarse el poder, manteniendo las prebendas y privilegios para ellos y sus grupos, mientras la ciudadanía queda fuera de toda posibilidad de desarrollo y progreso, situación que ha generado un malestar social, que se asemeja en mucho a la época prerrevolucionaria. De no haber cambios tangibles, cada vez serán más evidentes y constante la molestia, lo que puede derivar en un nuevo estallamiento social.





