“La modernidad líquida es una civilización de excesos, redundancia, desperdicio y eliminación de desechos” Zygmunt Bauman
A diario, en cada casa, oficina, restaurantes e industria se desperdician cientos de miles de toneladas de alimentos, lo cual suma, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO por sus cifras en inglés) se estima en 1,300 millones de alimentos toneladas al año.
Esta situación causa graves daños a los recursos naturales que tenemos, agua, biodiversidad, energía, etcétera, sin dejar de lado que el costo de este desperdicio es de más de 750 mil millones de dólares, y es una situación que no parece preocupar pese a que nos lleva a agotar recursos no renovables.
No hablamos solo de la comida en buen estado que los comensales en los restaurantes desperdician, o aquella que por estar cerca de su fecha de caducidad o porque efectivamente caducó es tirada en los supermercados.
También hablamos de lo que sucede en todos los eslabones de la cadena alimentaria, por ejemplo lo que sucede con la fruta, la carne, los vegetales que no son adquiridos por el mercado debido a la apariencia de los mismos.
Los consumidores solo desean productos perfectos, con color, textura, aroma idéntico al que sus sentidos percibieron e imaginaron percibir en los anuncios publicitarios y esos alimentos, perfectamente comestibles se desechan, sin ser aprovechados de ninguna manera.
La causa, es que los minoristas, ya saben ésta predisposición de la población y rechazan grandes cantidades de alimentos que pueden consumirse sin problema alguno solo por la apariencia de los mismos.
Solo hace falta pensar en la gran cantidad de recurso que se necesitaron para lograr una cosecha, de cualquier vegetal, fruta o verdura, de la cantidad de agua para que creciera, de lo necesario para lograr que una vaca se desarrollara y finalmente fuera procesada para convertirse en un producto, que no es utilizado, aprovechado.
Son cientos de millones de toneladas de alimentos que se producen para los miles de millones de habitantes de seres humanos en el planeta, y pese a ello, no todos pueden acceder a una buena alimentación, lo más grave del caso es que esas miles de toneladas que se producen se desperdician y no hay políticas gubernamentales para prevenirlo o frenarlo.
Ante ese gran vacío gubernamental para atajar la problemática, es necesario que la sociedad tome consciencia, actúe y ofrezca soluciones a pequeña escala para terminar con el desperdicio, y evitar así una catástrofe a nivel global.





