Columna Crónicas

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Reconocer es agradecer un beneficio o favor recibidos.

Gracias Profe, porque un conocimiento en una persona se muere, en muchas sigue vivo.

 

Por Mario Treviño

 

En todo proceso de aprendizaje existe un facilitador, maestro o situación que brinde el escenario adecuado para hacer propio un conocimiento, nos guste o no, así es, aunque hay gente que no quiere abrir los ojos y por más que le digan, le aconsejen, le indiquen, le den ejemplos y vea en otros resultados desafortunados, parecidos a los suyos  y no quiere darse por enterado de que por ahí no es, esa, es una de las lecciones más difíciles de aprender, la terquedad. Porque el saber ahí está, tal vez si cambiamos la manera de aproximarnos a él, se obtengan nuevos resultados.

 

Cuando uno calma, no digamos domina porque es bien difícil, a la soberbia, reconociendo que no lo sabe todo y que pude aprender a cada momento, ahí la cosa va de gane, cobran sentido la vejez y la niñez y se localiza uno en los terrenos del saber, del conocer. Una vez despejada la equis, llega el entusiasmo por multiplicar esa enseñanza adquirida, porque un conocimiento en una persona se muere, en muchas sigue vivo.

 

Esa acción relevante que tuvo tu maestro, para hacerte comprender la idea del universo, que en aquel entonces llegaba solamente a nueve planetas, se agradece, incluso hoy que acaban de descubrir  que hay más de mil planetas habitables, lo cual comprueba  que hay un mundo más allá del Oxxo. Para esa mujer que te explicó con manzanas lo de los quebrados y también te enseñó otras cosas, sin proponérselo.  Como los terribles celos, cuando felicitaba un compañero,  el amor a plenitud cuando te acariciaba la cabeza y te felicitaba, las ganas de ser invisible cuando preguntaba ¿quién trajo la tarea?. Aquella maestra de español que te enseñó que la ortografía es el buen aliento de la escritura; el maestro de historia, que nos contaba que habían sucedido acontecimientos en la antigüedad y que nosotros teníamos una herencia, raíces, pueblos originales a los que pertenecemos como nación y debemos estar orgullosos de que todavía tengamos esas poblaciones vivas en nuestro país; y la Miss de Bilogía, esa a la que se le ocurrió hace más de 20 años separar la basura y todos decíamos ¿qué onda con la maestra? O el Maestro de inglés que decía que necesitarías hablar otro idioma o si no para el año dos mil serías un analfabeta universal. Aquellos maestros de talleres que decían pongan atención para que aprendan a hacer algo en la vida si no pueden seguir estudiando, porque todos ellos me enseñaron algo de manera convencional, pero todas las demás enseñanzas que recibí de los maestros informales como el que te enseño a fumar y no recuerdas quién es, o el que te enseñó a decir malas palabras, la que te enseñó que había debajo de su blusa, o el amigo que te enseñó la traición, la mujer que te educó en las artes amatorias, el amigo que te instruyó en defensa personal después de que te pusieran un ojo morado, la mujer que te enseñó la generosidad sin recibir nada a cambio, el bondadoso maestro que compartió su refugio teatral y te formó, o la Gloriosa mujer que me inició en la poesía, o la maravillosa mujer que me compartió de su Luz y me hizo maestro, a mi sobrina que me ensenó a ser padre sin poderes especiales, a la Flor que me abrió las puertas de su país y me convidó del reconocimiento de su pueblo, a mi maestro Montenegro que me instruyó en el arte de las marionetas, que me legó grandes enseñanzas. A todos ellos mi gratitud y reconocimiento, a los que les aprendí a decir si se puede, a los que les escuché la palabra gracias, sobre todo a los niños que me enseñaron a hablar con el corazón, a ellos mis más grandes maestros, feliz día del maestro.

 

De Puro Corazón