Por Marco Antonio Meza-Flores
Los sucesos del joven que disparaba a varios de sus compañeros y a la profesora en plena clase en la ciudad de Monterrey, el día 18 de enero del año en curso, dejaron boquiabiertas a muchas personas de la nación. Resulta que un joven en plena clase se levanta y comienza a disparar a los compañeros y a la profesora para después suicidarse.
De aquí se desprenden muchísimas ideas del ¿por qué lo hizo? Desde maltrato en casa, en la escuela, su depresión, pertenecer a un grupo de Facebook que incita a la violencia, una travesura que se le fue de las manos, etcétera; muchas especulaciones, pero no dejan de ser eso, pues no sabemos los motivos reales del por qué realiza semejante acto.
Debido a esto, algunas instituciones comenzaron a revisar las mochilas de los jóvenes, ¡cómo si esto ayudara mucho! Cuando en realidad deberían realizar concientización más profunda. Hace algunos años en la ciudad de Veracruz cuatro jóvenes estampan el cráneo de uno de sus compañeros y lo matan y qué paso, no gran cosa, sólo fue el susto, la implementación de algunas cosas y después… se olvidó.
La realidad, cruda, aunque no guste, nos arroja a ir más a profundidades; ¿por qué las juventudes (porque no hay una sola juventud), están siendo más agresivas en su forma de expresión. Podríamos decir un sinfín de cosas, desde el problema existencial en que están viviendo, el ambiente donde se desenvuelven, maltrato, etcétera, pero existe una verdad “¡los jóvenes no están siendo escuchados!” ¿Por qué? Simple, vivimos en un mundo adultocéntrico.
Es verdad que decimos que los jóvenes son los personajes del mañana, cosa más tonta, pues ellos son los personajes del hoy, sin embargo, en la agenda adultocéntrica no aparecen, pues “no saben ni qué quieren”.
Añadamos a esto que muchas de las escuelas que nos rodean no están preocupados por ellos, sino por cumplir programas o que paguen las colegiaturas, y no se les enseña a “prevenir”, los jóvenes no necesitan que se les revisen las mochilas, necesitan que se les escuche en sus dolores, ¡ah, pero eso no es tan importante!
Los jóvenes necesitan sentirse amados y respetados, no simplemente se les vea como “carga” u “obligación” para padres, instituciones y medio ambiente, sin embargo, y parece que eso son; “cargas”. Pensemos un poco, culpamos a los jóvenes por cómo se comportan, es más he leído en las redes sociales “en mis tiempos con un chanclazo de mi madre me acomodaba todo, y no necesitaba ir al psicólogo”, pero la gente no se pone a pensar (que es lo último que hace), que precisamente los “chancleados”, son los que están educando a los que ahora son “rebeldes”; cómo si eso fuera nuevo. Una de las cosas que se destacan de la juventud es precisamente eso; “la rebeldía”, es parte de ser joven, el problema no es ser rebelde, sino no encausar esa rebeldía de manera productiva.
Operación mochila, ¡MMM! Por qué no mejor revisamos sus emociones, sus sensaciones, sus sueños, sus metas, por qué no mejor revisamos a sus profesores, a sus padres, a las instituciones que sólo quieren exprimir a los padres sin importarles realmente el joven, por qué no mejor comenzamos a repensar la estrategia y hacemos un cambio de fondo y no sólo de forma.
Digo, si los escuchamos posiblemente encontremos un camino juntos y evitaremos este tipo de sucesos. Y recuerda: “Camina conmigo”, será un genial viaje.
Marco Antonio Meza-Flores
Teólogo y Psic. Clínico GJ.





