Por Marco Antonio Meza-Flores
Teólogo y Psicoterapeuta
En el proceso de mi tiempo como especialista en parejas me he encontrado que algunas no entienden por qué su par no sabe lo necesita, a veces tienen la idea absurda de “si tengo que pedirlo no tiene tanto valor” o “si me amara, sabría lo que necesito”.
Por desgracia no existe un taller de “Lectura de mentes”, si lo hubiera se ahorrarían los problemas no sólo de pareja, sino de vida.
El hecho de saber qué quiere la pareja, no me obliga a complacerla, no somos genios para realizar deseos. Existen acuerdos que se deben hacer, porque si no se hacen con el tiempo la pareja se desgasta.
Por ejemplo: Sofía llega del trabajo cansada, el día en la oficina estuvo muy ajetreado, y, al final, un poco frustrante. Al llegar a casa se encuentra con Juan (su pareja), él llegó quince minutos antes y tiene los pies arriba de una silla. Está cansado, y con el televisor prendido. Cuando ella hace su entrada, esperaba un ¡hola amor! ¿Cómo te fue? ¿Quieres que te prepare algo? ¿Te hago un masaje? ¿Qué tienes?, todo esto con una mirada de alegría por verla llegar, sin embargo, en su lugar, recibe un ¡hola! ¿Cómo te fue? Que ella percibe frío y sin mirada al rostro.
Sofía se siente ultrajada, engañada, pisoteada, piensa en lo profundo de su cabeza: “¿no dijo en la enfermedad, en la salud, en el cansancio y en la alegría iba a estar? ¿Qué pasó? ¿Por qué tan fría la bienvenida? ¿Qué no sabe cómo me siento?”.
Ella, está cansada y ahora se siente ignorada. Juan no adivina lo que pasó en su día de trabajo y la travesía que tuvo que hacer para llegar a casa.
Entonces, molesta por la situación del trabajo y del congestionamiento vehicular, le grita, ¡¿no puedes hacer algo de provecho?!
Juan se queda mudo, paralizado, y después contesta de la manera más tranquila ¿por qué me gritas?
Sofía responde más agresiva ¡NO TE ESTOY GRITANDO![1]
Juan se ríe (de manera sarcástica piensa Sofía) Y le dice, ¡CÓMO NO!, y comienza una pelea.
Al final ambos terminan gritando y por ende, peleados, se acuestan enojados y frustrados; Sofía, porque él no adivinó lo que ella tenía, y Juan, porque ella siempre está furiosa.
El problema aquí se llama comunicación nula, y se da en la falta de cuidado de la pareja.
¿Les suena parecido? ¿Alguna vez lo has vivido? Cambia los nombres, pon el tuyo y el de tu pareja, cambia las situaciones tú eres Juan o Sofía, la circunstancia es la misma cuando no se saben comunicar, cuando no se saben decir ¿qué te pasa? ¿Qué tienes? ¿Te duele algo?
Por lo regular creemos que la pareja debe saber lo que uno necesita (se acuestan juntos, y tienen sexo, a lo mejor se pega por osmosis); pero no le decimos qué necesitamos, no nos comunicamos, pensamos que esto rompe lo romántico, o lo amoroso, ¡idea más absurda!, nadie puede saber qué piensas y mientras no te comuniques, será complicado aprender a escucharte.
Decirle al otro, necesito esto, no quiere decir que el otro tenga la obligación de dármelo (ya lo dije arriba), pero lo cierto es que él/ella, ya está informado, mañana no podrá decir ¡no sabía!
Aprende a comunicarte, aprende a escuchar, aprende a pedir y todo lo demás se dará con sencillez, y quien sabe, al final, si termines leyendo la mente de tu pareja. ¡Vamos, inténtenlo! Ve a comunicarte con ella.
Camina conmigo y cambiemos historias.
[1] Es conocido que en los escritos usar mayúsculas algunas veces se usa para referir que uno está gritando.





