Por Marco Antonio Meza-Flores
Teólogo y Psic. Clínico
Pues el sábado fui a ver la película de “Logan”, ya estando en la taquilla de “la capital del cine” me enteré que mis hijos no podían entrar a ver la película pues es clasificación “C” y los del cine dicen que el gobierno pone las clasificaciones y ellos deben respetar la ley. Sin embargo, y muy a su pesar de los empleados del cine, tengo la mala costumbre de leer el periódico y leer algunas cosas extras, y sí, precisamente el “Diario Oficial de la Federación” el año pasado (2016) dice que la clasificación “C” puede ser vista por mayores de edad (18 años), pues contiene escenas con violencia, relaciones sexuales, palabras obscenas y consumo de drogas, y debe transmitirse de las 22:00 a las 05:00 horas; o sea que según “la capital de cine” deben respetar la ley, pero a medias, pues la película está desde la 13:00 exhibiéndose.
En realidad, esa no es mi molestia, pues ellos pueden hacer de su cine un papalote, pero lo que me causa coraje (si lo podemos llamar así) es que otra vez el “gobierno” decida lo que mis hijos puedan ver, aun y que a mí no me cause escozor alguno.
Bendito paternalismo mexicano. Para aquellos que no sepan qué es el “paternalismo” les diré la versión corta de lo que se supone es, según algunos diccionarios: “Es una manera de ejercer autoridad desde la visión del patriarca; cuando se ejerce un paternalista, uno toma decisiones por los demás que no pueden discutirse, cuestionarse, ni oponerse.
Básicamente el “paternalista” adopta una posición de “padre” para cuidar al “hijo”, aunque el segundo no tenga que ver con el primero. Si hablamos del paternalismo a nivel político, este es “autoritarismo”, con la idea absurda de “proteger” a la población, el gobierno corta las libertades, como el padre niega un permiso al hijo porque el primero cree que es peligroso lo que quiere hacer el segundo”.
La semana pasada escribí que el gobierno de la ciudad, algunos miembros de la iglesia y una escuela querían coartar la libertad de poner el Circo del terror, “porque no era conveniente para la ciudad”, como si ellos ya no dieran terror en sí, y el de ellos es obligado, no adquirido.
Ahora el gobierno federal le impone la no entrada al cine a mis hijos porque sus padres no tienen el criterio para explicarles a sus hijos lo que pasa en el cine, o sea, que ellos me dirán qué diablos puedo ver o qué permito ver a mis hijos; y aunado a esto el cine “hipócrita” me dice que “respeta la ley” pero a medias, así como el policía que te dice “rompió una regla de transito; pero móchese para que no le salga tan cara la multa”; o el profesor que reprueba al alumno y en la administración con una lana lo pasan… ¡Bendito seas mi amado México!
¡Basta de paternalismos! ¡Basta de ese silencio castrante! ¡Basta! No entiendo cómo podemos caminar con la cabeza agachada, sin decir nada, sólo quedarnos mudos y decir “Sí, amo”.
Basta comentarles que fui a ver la película, no es tan violenta como otras, no tiene escenas de sexo, palabras altisonantes no hay, sólo porque la hija de Logan se defiende y mata a otros, ¡gente, Logan es violento, si su ADN es así, y ella es su hija, entonces…!
Bueno mis amados amigos, espero que caminemos juntos, aprendamos juntos y podamos enfrentar este paternalismo juntos. Gobierno, más calles alumbradas, más baches tapados, menos delincuencia, ya veré yo que dejo ver a mis hijos, tú, a tu chamba, y yo, a la mía. ¡Basta de paternalismos! Camina conmigo será un viaje genial.





