Caminar en el duelo
Marco Antonio Meza-Flores
Teólogo y Psicoterapeuta G.J.
La pérdida es una de las situaciones que indiscutiblemente no nos preparan. Así es, no nos enseñan a cómo llevar una pérdida y cómo caminar con ella. Todos sabemos que vamos a morir en algún momento de nuestra vida, pero pocos saben qué si nuestra vida es nuestra responsabilidad, nuestra muerte también lo es.
Regularmente no asistimos a terapia porque “eso es para locos”, sin embargo, esto es mentira; la terapia sirve para trabajar aquellas cosas en las cuales estamos trabados, nudos mentales que llevamos a cuestas mientras caminamos en esto que llamamos vida.
El duelo es un proceso que, si no se lleva bien, puede generar un caos interno devastador, comenzamos a enfermarnos porque el sistema inmunológico decae, y porque no sabemos cómo llevarlo.
Las etapas son las siguientes según la creadora de la tanatología Elizabeth Kübler:
1. Negación: A la certidumbre de la muerte próxima, el sujeto opone un rechazo absoluto. Se trata de una defensa temporal que se impone para amortiguar el impacto y poder afrontar la realidad: ejemplos como: “En realidad no me molestó”, o “la verdad no siento feo”. Por lo regular no creemos que eso esté pasando y no lo aceptamos.
2. Ira: El Enfermo se enoja con una fuerza suprema, con Dios si es el caso, consigo mismo. Contribuye a eliminar en parte el miedo y conduce normalmente a una calma relativa. En ocasiones también se presenta una depresión. Ejemplos como: “La culpa la tuvo el médico por no saber diagnosticar”, “Dios, cuál Dios, él no existe”.
3. Regateo: Se negociará con Dios o con los seres queridos. Se trata de pactar con una fuerza suprema para diferir el plazo inevitable. Ej.: “Si se disculpan los perdono, sino pues que se queden solos” “Dios, si tú me lo quitas yo haré…”;
4. Depresión: La persona tiende a no querer vivir y a intentar quitarse la vida. Quiero dejar claro que el síntoma más visible de la depresión es el intento de suicidio, si la persona no intenta quitarse la vida o lastimarse a tal grado que pueda morir, se le llama tristeza agónica. La depresión no es natural, es un estado de letargo mental alimentado por ideas de dolor y de pérdida, el pensamiento negativo está a todo lo que da. Ej., “Es mi culpa por…” o “Si no hubiera hecho esto o aquello”.
5. Aceptación: En los casos favorables el enfermo progresa hacia una aceptación que le permite acoger la muerte con serenidad. Ej. “voy a morir, pero estoy preparado” “no me gusta la idea de morir, pero estoy en paz y feliz”, “Murió, pero estaba muy tranquilo, eso me da gusto”.
Quiero aclarar que este proceso no es escalonado, sino que se entremezclan las primeras cuatro etapas, algunas veces, las cuatro en un día, pero aclaro que lo mejor es buscar a un psicólogo que se dedique a duelos o a un tanatólogo, lo ideal sería que fuera ambas, pues conoce de las dos áreas y puede tratar mejor el caso; además, la familia es importante que participe en el proceso, como sostén y como bálsamo.
El proceso de duelo es complicado, pero debe ser restaurado, porque no es bueno que uno viva con un proceso largo. La misión primordial del especialista en duelos es: “Curar el dolor de la muerte y curar el dolor de la desesperanza, es curar a quien está sufriendo”.
Te invito a ir a terapia si estás en ese proceso, anda, camina conmigo, ya verás que será un viaje placentero.





