Columna Camina Conmigo

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Hablar de pérdidas

Por Marco Antonio Meza-Flores

Teólogo y Psicoterapeuta

Hablar de pérdidas es sencillo; dar terapias sobre cómo llevarlas es muy fácil; pero resulta un poco complicado hacerlo cuando la pérdida está a flor de piel; cuando es a ti al que le pegó la pérdida, cuando eres tú el que has perdido algo, o a alguien, y ese alguien es la persona que te dio la vida, te cuidó en tu infancia, y aún en la madurez, te seguía cuidando.

Mi madre acaba de fallecer apenas hace tres días. Ella tocó a Dios, y éste, la llamó a su presencia. Para ella ha de haber sido un momento glorioso; pero para los que se quedan aquí, en especial mi hermana y yo, fue un momento de lágrimas. Ambos sabemos que mi madre está mejor, que ahora sí camina de la mano junto al creador, pero eso no quiere decir que duela menos, o que ya dejó de doler, sin embargo, es importante y harto importante que aprendamos a desprendernos y descansar, así como aquellos que se nos adelantan lo hacen.

Las pérdidas nos carcomen si no les ponemos un alto, si no dejamos de “deberle” al que se fue, o no dejamos que pague aquello que nosotros creemos nos debe, pues ya no podrá pagar.

Hablar de pérdidas es imprescindible en nuestra existencia, pues, gracias al creador, no somos eternos y esto nos hace ver la vida como lo que es, un regalo.

Mi madre fue siempre una guerrera, y aunque algunos digan “le ganó el cáncer”, nosotros sabemos que no fue así, ella lo dejó ganar, había peleado la buena batalla, había ganado la fe, sólo le quedaba encontrarse con su Padre/Madre, y eso fue lo que hizo.

¿Cuántos de ustedes sufren por la pérdida de un ser amado? ¿Cuántos después de años les siguen sufriendo? Si tu respuesta es “YO”, creo que necesitas terapia, pues debes aclarar muchas cosas contigo y no carcomerte porque “crees deber, o creer que te deben”.

Cuando se habla de pérdidas de familia, a veces buscamos un culpable, mi madre nos enseñó (no sé si fue queriendo o no) a dejar de buscarlos, y a buscar soluciones; nos enseñó la sed de búsqueda; de ser rebelde, pero con causa; de ser y hacer lo que quisiéramos, pero hacernos responsables de eso que quisimos; de ser un buen padre y madre (por mi hermana) para nuestros hijos, porque ella fue una buena madre para nosotros; nos enseñó a grandes cosas, pero creo que lo mejor que nos pudo dar, fue enseñarnos a volar, y ver nuestras alas, y no claudicar en el vuelo, y sobre todo, y a pesar de nosotros, nos enseñó a aterrizar.

Yo creo que por eso las lágrimas salen, pero el espíritu está tranquilo, pues sé a ciencia cierta que mi madre es. Hoy puedo asegurar que ella me enseñó a hablar, y sin querer, a escribir, y por eso hablo de la pérdida que sufrimos, porque entre todas las cosas me educó para expresar lo que siento.

Hablemos de pérdidas, pero dejemos de sufrirlas; hablemos del dolor que tenemos, pero jamás dejemos que la miserabilidad nos carcoma; hablemos de aquellos que amamos y a través de nuestros actos, demostremos qué es el amor.

Hoy, ella ya no está físicamente, como posiblemente no esté alguno de tus hijos, padres, hermanos, abuelos, etcétera, pero lo que sí sé es que ellos caminan contigo, como mi madre, camina con nosotros.

Camina conmigo, será un viaje con lágrimas algunas veces, pero te aseguro que siempre será un camino genial. Hablemos de pérdidas, lloremos las pérdidas, pero jamás, dejemos de caminar. Con amor.