Columna Camina Conmigo

Columna Camina Conmigo

Que Dios nos agarre confesados

Habrán oído el asunto del ciclón que se aproxima a Tamaulipas, si impacta, serán los que menos tienen los que se llevarán el chasco, los que perderán cosas, los que sufrirán, y como a muchos “les vale un sorberte”, pues no dirán nada.

Y es que el Huracán Dorian se va acercando con mucha fuerza, ya devastó varios lugares de Estados Unidos, y se acerca cada vez más a Tamaulipas con categoría cinco, y muchos dirán que es la voz de Dios, para que se arrepientan, y tienen razón es su voz, pero también de la pachamama para que dejen de contaminar, porque hasta da miedo cómo lo hacen.

Y es que Dios nos agarre confesados, pero en serio, porque hemos talado, llenado de calentamiento, tirado basura y haciendo otros menesteres que hacen que el planeta se caliente más y más; ¡ah, pero eso sí, nos hacemos de la vista gorda y culpamos a los demás de aquello que nosotros hicimos.

Y es que da miedo, la verdad, el huracán avanza cada día con vientos sostenidos de 160 millas por hora, leen bien ¡160 millas! Eso quiere decir que arrasa con todo lo que toca, si no saben cuánto son 160 millas, se los digo así 260 kilómetros por hora.

Pero nos vale un chorizo, porque somos mexicanos y aguantamos lo que sea ¿¡en serio!? ¡Naaaaa! No es verdad, nos sentimos “Juan Camanei”, pero somos palillos ante la nueva situación, tan frágiles que no sabemos qué hacer cuando vienen los problemas y lo que hacemos es culpar a alguien más, porque no nos queremos hacer responsables de lo que nos toca, nos da miedo, pavor, pena o vergüenza saber que somos copartícipes de la situación que vivimos.

Debemos cambiar los hábitos, debemos, sí, debemos comenzar a plantar árboles, a cuidar el exceso de luz que gastamos, el agua y todo aquello que contamina, hasta el ruido, porque a veces subimos el volumen más de lo que lo aguantan nuestros lindos timbres o los del vecino, debemos dejar de contaminar, nos es imperante dejar de hacerlo.

La vida es genial, aunque para algunos no lo sea, pero atenderla es imperativo, es decir, es un mandato, de ya, de ahora, de hoy, porque si no lo hacemos ¿dónde jugarán los niños?

Y que Dios nos agarra confesados, porque nos vale un pepinillo lo que le pase al otro, mientras no me pase a mí, mientras yo no tenga problemas, mientras todo salga de lujo… ¡de lujo!, cómo podemos vivir así si los más pobres y jodidos económicamente siguen luchando por tantita dignidad material, y por eso la delincuencia, porque un delincuente se hace, y no los defiendo, sólo quiero que vean que si dejamos de construir una ciudad como la que tenemos, si comenzamos a dejar de tirar basura en la calle, de pasarnos los altos, de tener mi automóvil en buen estado y no como chimenea andando, si cuidamos los jardines, a las plantas, la ciudad puede cambiar, puede activarse, y por ende la delincuencia baja, eso es trabajo de todos porque a todos nos afecta.

Y algunos dirán ¡Otra vez el mismo cuento! Pero porque no dicen “sigo haciendo las mismas cosas”, decía Bob Marley “Si los malos no descansan, ¿Por qué tendrían que hacerlo los buenos?”

Por lo demás camina conmigo, ahora sí a orar o rezar porque el Dorian nos va a llegar.