Columna Camina Conmigo

Yo soy tu amigo fiel

Marco Antonio Meza Flores

Teólogo y psicoterapeuta

Pues pocas veces hablo de una película, y cuando lo hago es porque creo que es de suma importancia lo que ella quiere enseñarnos. Hoy hablaremos de la película Toy Story, sí, de aquella que se estrenó en 1995, cuando éramos algunos adolescentes y otros más niños, yo tendría entre 17 y 18 años, ya se me consideraba un joven o un joven adulto.

Como vimos a Woody ayudando a Andy a ser un buen niño, vimos como Buzz Lighyear no se consideraba un juguete y como Woody, el vaquero, tuvo que enseñarlo a ser lo que en realidad era… un juguete.

En 1999 sale la segunda parte y muchos estábamos esperando que saliera, recuerdo que mi mamá me llevó a verla, fue una experiencia entre madre e hijo (hoy mi mamá descansa con Dios), sin embargo, yo disfruté de la película como pocas veces lo he hecho.

Para el 2010 ya estaba casado… felizmente casado cabe aclarar, esta vez fui con mi esposa a verla, a divertirnos como novios, a pesar de estar casados, fuimos al estreno, y nos deleitamos con la película, ya estudiaba mi segunda carrera y ella también, estaba yo en el seminario, estudiando, como Andy lo haría en poco tiempo, había muchos niños, pero en realidad (como suele pasar), la película estaba hecha para gente como uno, gente “adulta”, disfrazada de niño.

Llega Bonnie, una niña a la que le dejaron los juguetes, y aprendimos a soltar, a darle a las nuevas generaciones lo que por mucho tiempo habíamos hecho, ella debía cuidar nuestro entorno, nuestro ciclo, nuestros juguetes.

No puedo negar que lloré, es una película genial… esperé o esperamos muchos años, nueve para ser exactos; ya para este tiempo vimos con nuestros hijos las tres primeras películas de Toy Story, así ellos entenderían el contexto, y sabrían hacer un análisis de lo que estaba pasando, al menos mis hijos que son homeschool.

Fuimos al cine y me quedé boquiabierto, vi a un Woody aferrado al pasado, que en realidad le hace daño, él ya no era el “mejor juguete” existía alguien administrando su papel, y a veces, muchas veces, se quedaba en el closet, pues no era tan espectacular.
Bonnie, ya no lo necesita, y eso le causaba problema a él, pues quería vivir de sus glorias pasadas (te pasa); hizo de un tenedor (sin identidad de ser juguete) un juguete, y Woody no lo entendía, sólo quería hacer de eso un lugar común, un lugar para él, y tuvo que ser confrontado con su pasado, con aquello que siempre quiso ser “libre”

La película es fenomenal, nos enseña que una muñeca de porcelana (mujer), puede ser libre, y a pesar de que se la caiga su mano, puede seguir luchando, nos enseña que la verdadera vida está en hacer lo que nos dicta el corazón, y no lo que “debemos hacer”, nos enseña tantas cosas que muchas veces no ponemos atención, como, por ejemplo, que el pasado no se puede revivir, que no siempre van a necesitar de uno, que muchas veces debemos dejar que el otro crezca, por eso Woody deja su caja de voz, y que a veces, el otro debe hacer su trabajo.

Toy Story me hace pensar, me hace entender, y, sobre todo, me hace crear un mundo mejor… espero que haga lo mismo para ti.

Por lo demás, camina conmigo, será un mundo fantástico, lleno de alegría y sobre todo lleno de realidad, en donde el pasado será eso, pasado, el futuro, no lo conocemos, por eso debemos vivir aquí, ahora, llenos de esperanza y sobre todo llenos de ilusión.