Columna 4to. Poder

251

En memoria de Ramón Durón Ruiz, “El filosofo de Güémez”

“Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada” Noam Chomsky.

Podemos ubicar los orígenes del Día de la Libertad de Expresión en nuestro país, en la época de Don Benito Juárez García, sin embargo en el siglo pasado, en 1951 la celebración se tornó en el Día de la Libertad de Prensa a iniciativa del presidente Miguel Alemán, a petición de José García Valseca, en ese entonces dueño de la cadena de periódicos más grandes del país.

La fecha fue perdiendo su significado debido a que en 1976, el entonces presidente Luis Echeverría, añade la entrega del Premio Nacional de Periodismo, convirtiéndose más que en un reconocimiento por la labor profesional del gremio en el país, en una fecha para premiar a incondicionales del sistema,  por lo que cuando asume la presidencia de la República Vicente Fox, periodistas piden se termine con la conmemoración por lo cuestionable que resulta ser para el periodismo ser premiado por el poder público.

Hablar de libertad de expresión nos lleva más allá de la simple manifestación de ideas, propuestas, criticas en el ámbito personal, familia, hasta el social, en cualquiera de sus esferas, siendo la más visible la de los medios de comunicación por el alcance que tienen y la penetración en la mayor parte de la sociedad.

Aquí cabe hacerse la pregunta ¿Cuál es la misión social que tienen los medios de comunicación? La respuesta a esta pregunta se ha debatido mucho, se ha dicho que su objetivo es difundir con apego a la verdad y de manera objetiva los acontecimientos y sucesos que inciden en la vida de los ciudadanos.

Paradójicamente, en el siglo pasado y aún en nuestros días, muchos medios de comunicación, principalmente los llamados  “mass media” o medios de comunicación masiva divulgaron una enorme cantidad de información sin tomar en cuenta las preferencias y las demandas de la audiencia, vamos ellos establecían la agenda, decidían que era importante y lo “imponían” a la sociedad.

Si bien esta situación, no atentaba contra la libertad de expresión totalmente, si la limitaba pues los dueños definían acorde a sus intereses y los de sus grupos de poder, amigos y clientes los contenidos y lo que se presentaba en sus páginas o emisiones radiales o televisivas.

La situación se ha ido modificando conforme la llamada “comunicación digital” ha ido avanzando, ayudada por el desarrollo de las nuevas tecnologías y el acceso a una mayor parte de la población. Esto ha cambiado la fórmula para difundir y comunicar prácticamente cualquier tema, que interés a la sociedad, independientemente de quienes sean los dueños de los medios o sus intereses.

Esto ha ayudado a los periodistas a descubrir, difundir, debatir y hacer de conocimiento público casos, temas y situaciones que podían ser incomodos para la clase en el poder, políticos, gobernantes, empresarios, sindicatos y un largo etcétera, que en los medios “tradicionales” no tenían cabida.

Si bien es un triunfo para la libertad de expresión, así como para avanzar en el desarrollo de una sociedad más democrática, lo señalado líneas arriba, ha implicado riesgos y amenazas para el ejercicio del periodismo.

Amenazas que se han traducido en acoso, golpes, y, lamentablemente, asesinatos, a los periodistas y a los medios, constituyen un forma de violencia directa que ataca la libertad de expresión, y al mismo tiempo el derecho a la información de la sociedad.

La lucha por mantener la libertad de expresión, ejercerla de manera responsable, y fomentarla en los lugares y espacios donde ha encontrado trabas, es deber de toda la sociedad, porque atentar contra ella es atentar contra uno de los derechos fundamentales de la humanidad.

Hoy son muchos los peligros que acechan a la libertad de expresión, desde el poder público, hasta el crimen organizado, sin dejar de mencionar la indiferencia social hacia los ataques a periodistas y medios críticos.

La sociedad tiene en los medios de comunicación y en la libertad de expresión un arma y un vigía contra la corrupción, contra los abusos de cualquier tipo, incluso los que la misma sociedad comete, es fundamental que la labor periodística haga uso de la libertad de expresión, pues también se convierte en voz de la ciudadanía.

Las cifras de ataques a periodistas en nuestro país, son desalentadoras, estos casos se han incrementado y los programas y acciones para protegerlos parecen no cumplir su función, sin embargo, y pese al riesgo que eso implica, cientos de miles de mexicanos hacen uso de este derecho en aras de construir una mejor sociedad, más equitativa y justa, objetivo que pocos no compartirán y al que hay que defender y apoyar desde cualquier trinchera.