Columna 4to. Poder

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“La rebelión contra tiranos es obediencia a Dios” Benjamin Franklin

Se cumplen 8 días de protestas, manifestaciones y, desafortunadamente, también de desmanes provocados por algunos cuantos, que sin embargo han sido los hechos que más se han cubierto por una gran parte de los medios de comunicación.

En esta casa editorial estamos en contra de cualquier tipo de violencia, venga de donde venga, por lo que el análisis de lo sucedido, no debe entenderse como una apología de la agresión, sino un reconocimiento al derecho de la sociedad a manifestar su inconformidad con la clase política que nos gobierna.

Debemos como medios, sociedad e individuos, dividir en dos los acontecimientos recientes. En primer lugar, está la legítima expresión de desacuerdo de la sociedad a las acciones y políticas de gobierno, que se han hecho visibles a lo largo y ancho de todo el país, tomando forma en concentraciones pacíficas, bloqueos de carreteras, así como también en toma de casetas como medida de protesta. Esas acciones, todos hemos visto que se han dado dentro del orden constitucional, algunas afectan a terceros, pero ha permeado la civilidad en general.

En segundo término, tenemos los actos vandálicos, los cuales tienen su origen en las redes sociales. Sí, porque ahí se gestaron los llamados, se publicaron, lugares y horas para presentarse a saquear, sin que en ellos hubiera el más mínimo apoyo o expresión que los vinculara a las protestas contra el alza de las gasolinas. Sin embargo, al fluir de forma tan rápida los acontecimientos, darles difusión en medios tradicionales y redes sociales, se han vinculado ambos hechos, generando un descredito a las protestas, un temor para manifestarse, y se han desvirtuado las protestas.

La táctica se repite a lo largo y ancho del país un grupo de no más de 30, en algunos casos hasta 10 personas comienzan a hacer los desmanes aprovechando la concentración, pero también la pasividad de la población, que se aleja del lugar para evitar problemas. No se les puede culpar por irse del lugar, para protegerse, pero la falta de sus voces haciendo patente la táctica, que parece estrategia institucional, ha permitido que lo que se difunda el acto violento.

Existe una gran molestia social, en todos los niveles, porque los mensajes del Presidente Peña Nieto, señalando que entiende el enojo, que comprende, son meras palabras porque no han sido acompañadas por recortes en los gastos, prestaciones y sueldos onerosos y ofensivos de los servidores públicos.

La Coparmex ya hizo patente el malestar de sector empresarial, los campesinos y transportistas también se han expresado en el mismo sentido, pese a ello el Gobierno Federal parece seguir la máxima salinista de “ni los veo, ni los oigo”, y esa actitud hace prever que seguirá el descontento de no tomarse acciones que en primer lugar disminuyan la molestia social y en segundo muestren cambios en la forma en que se conducen los funcionarios y las instituciones.