El Presidente turco y sus seguidores emprendieron una campaña contra legisladores alemanes por calificar de genocidio la matanza en Armenia
FUENTE EXCELSIOR
BERLÍN, ALEMANIA.- El 2 de junio pasado, Cem Ozdemir, el copresidente del partido ecologista Los Verdes y diputado federal desde 2013, tenía sin saberlo un cita peligrosa en Berlín, al igual que su colega democratacristiana, Cemile Giousouf. Los dos diputados de origen turco votaron ese día a favor de una polémica resolución destinada a calificar como genocidio la matanza armenia cometida por el Imperio Otomano en 1915.
La resolución, que había sido pactada por democratacristianos, socialdemócratas y verdes, fue aprobada por una abrumadora mayoría, y todos los diputados que estaban presentes en el hemiciclo del Bundestag sabían de antemano que la resolución añadiría una buena porción de veneno a las conflictivas relaciones de Alemania con Turquía.
Pero nadie en Berlín podía imaginarse que la reacción de Ankara estaría protagonizada por el propio presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y que su indignada protesta condenaría a 11 diputados alemanes con raíces turcas a una situación inédita en la historia política moderna del país. Los 11 parlamentarios comenzaron a recibir amenazas de muerte a causa del apoyo a la resolución.
Desde hace una semana, Cem Ozdemir, Cemile Giousouf y otros nueve diputados sólo se desplazan por Berlín acompañados por agentes de seguridad, una realidad que nació cuando Erdogan los acusó de ser traidores a la patria turca y exigió que se les hiciera una examen de sangre para determinar si por sus venas circulaba “sangre podrida”. “Son voceros de los terroristas”, sentenció el jefe de Estado turco, una frase perentoria y peligrosa que desató la cacería en Berlín.
En menos de 48 horas, Cem Ozdemir, quizás el diputado de origen turco más famoso del país, recibió cientos de correos electrónicos con insultos, y Twitter se llenó de fanáticos anónimos que recomendaban liquidar al diputado con un balazo en la cabeza. “¿Acaso no hay nadie entre los 3.5 millones de turcos que viven en Alemania que sea capaz de dispararle a este tipo?”, se podía leer en un mensaje.
La inédita y peligrosa arremetida de Erdogan contra los 11 diputados del Parlamento Federal causó inquietud, pero también indignación en Berlín. Durante una sesión plenaria, el presidente del Bundestag, el democratacristiano Norbert Lammert, calificó las amenazas del Presidente turco como un ataque frontal contra la totalidad del Parlamento con una frase que arrancó aplausos del hemiciclo.
“Que en el siglo XXI un Presidente elegido democráticamente critique a diputados del Bundestag, elegidos democráticamente, y cuestione su origen turco afirmando que su sangre está podrida es algo que nunca hubiera imaginado”, dijo Lammert, junto con calificar al mandatario turco o como “instigador” indirecto de las amenazas de muerte e insultos que han recibido los 11 parlamentarios. “El Bundestag actuará en consecuencia y de acuerdo a la ley”, sentenció Lammert.
Todavía nadie logra entender la furiosa y peligrosa reacción que tuvo Erdogan contra los diputados de origen turco, sobre todo después de que el gobierno federal intentara con gestos más que simbólicos minimizar la importancia que le daba a la resolución. La canciller Angela Merkel, el vicecanciller Sigmar Gabriel y el ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier no estuvieron presentes durante la votación y la votación fue anónima.
“Mis amigos en Turquía me han dicho que tome muy en serio las amenazas, pero tampoco hay que dejarse intimidar”, dijo Cem Ozemir al comentar las amenazas que recibió y sigue recibiendo. “Las expresiones de Erdogan son absolutamente inaceptables y también indignas para un jefe de Estado”, señaló por su parte la diputada Cemile Giousouf, cuya familia también recibió amenazas e insultos.
Las amenazas que han recibido los parlamentarios no tienen precedente en la historia política de posguerra del país y tampoco tiene precedente la recomendación que les hizo llegar el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán a los diputados. Después de analizar los riesgos que podrían correr los diputados en Turquía, el Ministerio les sugirió que se abstuvieran de viajar a ese país. “No se les puede garantizar su seguridad personal y muchas asociaciones turcas están preparando querellas por ofensas a la nación turca”, señalaba el Ministerio.
Pero el peligro radica en Alemania. Los movimientos nacionalistas turcos han movilizado a sus simpatizantes para que protesten contra los diputados, una medida que convenció a un empresario turco a ofrecer 100 mil euros por la cabeza de la diputada del partido La Izquierda, Sevim Dagdelen, según reveló el periódico Bild.
La reacción de la diputada fue tajante: Quien aliente la violencia desde Turquía contra diputados alemanes no debe recibir autorización para viajar a Alemania y, entre a quienes debería prohibirse viajar a este país. está el presidente Erdogan”, dijo Dagdelen citada por el Bild.
En la filas de Los Verdes el descontento es otro. Los ecologistas creen que la canciller Angela Merkel ha tenido una actitud demasiado pasiva con Turquía a causa del acuerdo que selló la Unión Europea con Ankara para contener los flujos migratorios. “Nos habría gustado escuchar palabras más rigurosas de parte de la canciller”, dicen los líderes ecologistas.
Tienen razón. La única protesta de Merkel a las amenazas de Erdogan hasta la fecha fue un tímido aplauso a las críticas que formuló el presidente del Bundestag.





