Caso Rodolfo: 11 años sin respuestas

TAMAULIPAS.- Once años de investigación se han traducido en 183 informes periciales, 145 declaraciones de testigos y personajes involucrados, y dos o tres detenciones supuestamente relacionadas con el caso. Pero el crimen de Rodolfo Torre Cantú permanece impune.

No solo eso, a un año de que el expediente reservado por la entonces Procuraduría General de la República se deba hacer público, poco o nada se sabe sobre quién estuvo detrás de este asesinato que cimbró la vida pública de Tamaulipas, y que significó un parteaguas en la historia política de la entidad.

Este lunes 28 de junio a las 10:37 horas se cumplirá un año más de aquella matanza, perpetrada por sicarios bien entrenados, que siguieron un plan milimétrico a la altura de cualquier cuerpo de seguridad de élite. Ahí, donde hoy sobrevive un discreto memorial para Rodolfo, una pipa sirvió como barricada para frenar el paso de las dos camionetas donde viajaban el candidato del PRI, sus colaboradores, y cuatro escoltas.

Era un convoy a todas luces insuficiente, si se considera la situación de violencia que ya vivía el estado en aquel aciago 2020, y que no hizo sino empeorar después del magnicidio.

Los minutos, las horas previas al asesinato, han sido reconstruidas con exactitud gracias a los testimonios de sus más cercanos colaboradores en la campaña, y a lo poco que han podido aportar los cuatro sobrevivientes al atentando.

Hoy se sabe que la camioneta blindada ya estaba en Valle Hermoso, esperando al candidato que llegaría a la frontera vía aérea. Que una pipa bloqueó el camino al aeropuerto en el kilómetro 13 de la carretera a Soto La Marina.

Que otra camioneta los obligó a frenar, y que en cuanto el candidato bajó de su unidad, pensando que pudiera tratarse de una confusión, recibió una primera ráfaga de disparos.

Poco pudieron hacer los escoltas que se bajaron de la camioneta de atrás… acaso evitar que los asesinos remataran los cuerpos de los sobrevivientes, incluidos dos de ellos que fueron salvados más tarde en el Hospital General de Victoria. Como pieza clave de un rompecabezas inconcluso, se ha insistido en que los atacantes llevaban uniforme de marinos.

Y los videos obtenidos de las cámaras de la entonces Procuraduría General de Justicia, revelaron que también su forma de operar apuntaba a un entrenamiento muy sofisticado. Fueron 3 minutos y medio de movimientos perfectamente sincronizados, en los que participaron ocho vehículos, y unas 16 personas.

Tres camionetas y un auto compacto estaban desde una hora antes, apostados en el entronque del Libramiento con la carretera a Soto La Marina. Detrás del convoy del candidato ya venían otros dos vehículos que de alguna forma pasaron desapercibidos para su equipo de seguridad, que esa mañana de lunes realizaba un recorrido rutinario de no más de 30 minutos desde el Fraccionamiento Campestre en Victoria, hasta el aeropuerto Pedro J. Méndez. Su escoltas tampoco se percataron de que tras ellos, los vehículos que esperaban en el entronque, levantaron una polvareda para sumarse a toda velocidad a la fila de unidades.

Luego ocurrió el crimen. Y unos minutos después, quizás segundos, las primeras señales de alerta en la ciudad. Habían atentado contra la caravana del candidato, luego la confirmación: Rodolfo Torre Cantú estaba muerto.

A partir de entonces azotó a Tamaulipas un maremoto político que incluyó la presión inmediata de Felipe Calderón para que se suspendieran las elecciones que se realizarían seis días después; la decisión de Eugenio Hernández de nombrar a Egidio Torre Cantú como el candidato sustituto; y un mar de sospechas que apuntaron en muchas y muy diversas direcciones.

Por la gravedad de los hechos, a 11 años de distancia, se hace más evidente el fracaso en el esclarecimiento del crimen.

Durante mucho tiempo, desde la Procuraduría General de la República se buscó dirigir la investigación hacia el grupo político del ex gobernador Eugenio Hernández Flores, lo que a la postre derivó en un evidente rompimiento de la nueva administración de Egidio con su antecesor y todos sus funcionarios.

Al mismo tiempo, en Tamaulipas cobraba fuerza la versión de que un grupo de élite del gobierno federal estaría implicado, a juzgar por el nivel de exactitud con el que se perpetró el asesinato. Con el paso de los años, diferentes administraciones, procuradores y fiscales han filtrado otras versiones desprendidas de capturas esporádicas.

La primera fue la de Eduardo Costilla, “El Coss”, líder de uno de los grupo delincuenciales que por aquella época operaban en la entidad. Tras su detención, en el 2012, la Procuraduría General de la República se apresuró a responsabilizarlo como autor material del asesinato.

Pero nueve años después, ninguna autoridad ha interpuesto una acusación formal contra el “cabecilla”, extraditado a Estados Unidos en 2015, por los hechos ocurridos el 28 de junio del 2010. Casi al mismo tiempo que la detención de “El Coss”, sucedió la de Román Banda, pero en el otro rincón del país. Se trata de un presunto integrante del Cartel de Sinaloa, que era buscado por la DEA, y que fue capturado en Mexicali.

De alguna manera , la Procuraduría intentó vincularlo con el asesinato de Rodolfo, pero con el paso del tiempo esa hipótesis se evaporó. Cinco años después otra detención de un presunto líder delictivo del Pacífico también sirvió para que la Procuraduría “reviviera” el caso.

A Raúl Flores Hernández lo detuvieron en Zapopan, acusado de liderar un grupo delictivo y financiero, y de paso, de formar parte del plan para asesinar al candidato tamaulipeco. Pero nada más se supo sobre esa línea de investigación.

Como tampoco se esclareció de qué manera terminaron usándose para el ataque dos armas registradas por policías municipales de Tamaulipas: una de Mante y otra de Reynosa.

Al final, lo único que se sabe sobre el homicidio es la crónica pormenorizada de los hechos. El convoy, el bloqueo, la ejecución.

Más detalles se conocerán el año próximo, cuando la FGR esté obligada a hacer público el expediente.

Con información de EXPRESO-LA RAZÓN