Cada vez vemos menos las estrellas… y a nosotros mismos

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Por Debate

Cuando se trata de describir el universo, los adjetivos «maravilloso» y «poderoso» salen con el mismo ímpetu de la voz de Silvia Torres Castilleja, pero reconoce que la lista puede ser tan infinita como la propia galaxia.

Es la primera mexicana en asumir la presidencia de la Unión Astronómica Internacional (UAI), y la segunda mujer en este cargo desde 1919, periodo que concluyó en 2018.

La experta en física por la Facultad de Ciencias de la UNAM y doctora en astronomía por la Universidad de California, Berkeley, señaló en entrevista para EL DEBATE que es desde la química como se relaciona la creación de los seres humanos con las estrellas y el universo, y no desde el romanticismo literario, ni desde el corte espiritual; ambos muy respetados por la científica.

Ser astrónoma sucedió no por vocación inmediata, según confesó a esta casa editorial, sino que ocurrió a sus 18 años, ya cuando estudiaba la carrera de física, y fue por pura casualidad. Los estudios en la astronomía le parecieron fascinantes, y a partir de ese momento no ha dejado de disfrutar la contemplación del universo desde el suelo mexicano.

Polvo de estrellas

Entre los elementos químicos que componen el cuerpo humano solamente el hidrógeno tiene su origen en el Big Bang, hace 13 mil 800 millones de años; ya que durante los primeros cuatro minutos de la Gran Explosión se crearon el hidrógeno y el helio.

Silvia Torres comparte que, debido a que se formaron estrellas de diferentes masas, objetos celestes que originan en su interior todos los demás elementos de la tabla periódica presentes en el universo, solemos escuchar que «somos polvo de estrellas».

Narra que estamos hechos de carbón, el carbón lo hicieron las estrellas; el aire está hecho de nitrógeno, y el nitrógeno lo hicieron las estrellas; así que estamos profundamente relacionados con los objetos celestes.

Mentes científicas como la de Silvia ven que no nos damos cuenta, pero ha sido un trabajo de muchos años, de muchas personas, de muchos investigadores, como la mexicana, el entender y conocer todo el detalle que esto representa.

Torres Castilleja ha centrado su investigación en la determinación de la composición química de las regiones de formación estelar y de los gases arrojados por las estrellas de masa intermedia en la Vía Láctea y otras galaxias.

En su investigación expone que en el universo no se encuentran transformaciones porque los tiempos que eso requiere son larguísimos.

«Suceden fenómenos rápidos, que son los que medimos, detectamos, y de ahí tratamos de comprender todo lo que ha pasado. Pero además de los fenómenos rápidos, lo más importante son los fenómenos lentos, y esos no tenemos vida para verlos, entonces la única manera es hacer como los arqueólogos».

En el caso del sol, los científicos tienen como registros variaciones instantáneas con ráfagas, expulsión de alta velocidad y cambios en sus campos magnéticos. Silvia nos explica que estamos viendo cambios breves instantáneos, pero cambios a largo plazo que nos hagan pensar que nos va a afectar brutalmente como planeta, esperaremos de aquí a cinco mil millones de año «ya lleva cuatro mil 600 millones de años, así más o menos como está, y va a cambiar un poco más, se va a poner más brillante, pero poquito a poquito. Eso sí lo sabemos bastante bien».

Somos más y vemos menos

La investigadora emérita del Instituto de Astronomía de la UNAM y del sistema Nacional de Investigadores consideró que las sociedades requieren profundizar la contemplación del universo; lo que se tiene en México son sitios especiales donde hay características importantes para ver el cielo, como en Baja California, donde se permite poner instrumentación fina, cara y delicada.

No obstante, dichos sitios están cada vez más amenazados por la iluminación de las ciudades, por el desarrollo de la vida y la industria.

«Somos cada vez más humanos, más contaminación en la atmósfera; entonces, todos estos fenómenos de cómo ha crecido la población nos lleva a que no se puedan ver las estrellas, porque está tan brillante [la ciudad] que no alcanzamos a ver las estrellas, más que las cinco más brillantes, o dos, según la noche».

Agregó que los espacios de observación se están cerrando, tal y como ocurre con los bosques, que se están haciendo cada vez más chicos.

«Tenemos un sitio muy especial en el hemisferio norte. Lo tenemos que cuidar mucho y lo protegemos mucho para que futuras generaciones puedan ver ahí telescopios de mayor tamaño para analizar a mayor profundidad el cielo».

Entonces, entendemos que, a medida que somos más, la paradoja se centra en que, a pesar de los alcances tecnológicos, es cada vez más difícil observar el espacio desde la Tierra y, al mismo tiempo, observarnos a nosotros mismos.

Inversión

En México la astronomía ha sido apoyada con recursos de instituciones, universidades y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, lo cual no es suficiente para esta científica mexicana, quien cree que se debe apoyar en investigaciones de mayor calado, generar más plazas de estudio e invertir en equipamiento.

«Entendemos que el país tiene problemas económicos, tenemos una deuda brutal, entendemos que no es posible que tengamos equipos superfinos; pero de que nos gustaría, por supuesto que nos gustaría. Estamos ansiosos», sostuvo.

Indicó que los jóvenes mexicanos también han mostrado un notable interés en el estudio de astronomía, y con ello consideró que se logra un mayor acercamiento a la ciencia, la tecnología y a distintas actividades que le puedan servir no solamente a la investigación en este campo, sino en otro tipo de trabajos.

En transformación

La física y astrónoma, quien entre otras distinciones recibió el Premio Nacional de Ciencias, el Premio L’Oreal-Unesco para mujeres científicas en Latinoamérica y el Premio Hans A. Bethe de la American Physical Society, se expresó sobre el desarrollo de viajes al espacio hasta el 2019.

En el caso de la expedición a la Luna y el porqué la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio no ha regresado al satélite desde hace 50 años, dijo que esta ya no tiene las facilidades de lanzamiento que tuvo antes, ya «las desbarató» porque estuvo haciendo otro tipo de proyectos, y por ahora no tiene los medios  de mandar un hombre a la Luna, sino que tendría que volver a construir nueva infraestructura, más moderna.

La NASA está haciendo el intento de llegar a Marte, de mandar seres humanos y tratar de establecer una pequeñísima colonia en el planeta rojo. «Han dado distintas fechas, dicen que para el 2030, yo lo dudo mucho; a como veo el desarrollo, dudo que lleguen al 2030 a alcanzarlo. Sí lo van a alcanzar, pero son metas difíciles», consideró.

Reconoce que actualmente no solo Estados Unidos y Rusia hacen lanzamientos al espacio, sino también la Unión Europea, China y Japón lanzan pequeños satélites con telescopios para hacer investigaciones astronómicas específicas.

Está muy interesante el desarrollo de la información que los satélites espaciales nos están dando sobre el universo».

Para Silvia, lo más importante es que se entienda que todas las estrellas que parecen no cambiar, cuyas configuraciones han estado ahí entre los tiempos de los griegos, chinos, entre otros que tienen registro, es que en realidad están sufriendo transformaciones, y entonces, todo el universo, a su vez, se está moviendo.