Ayer vivió el ‘sueño americano’, hoy su éxito mexicano

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Por Notimex

Huejotzingo.- El precio que pagan muchos mexicanos para conquistar el “sueño americano” suele ser más alto de lo esperado. Para Ambrosio Hoyos, un hombre poblano de lucha constante, cruzar dos veces la frontera y vivir en New Jersey, Estados Unidos, implicó sufrir en “soledad” al dejar atrás a su familia.

“Es difícil pasar el desierto, arriesgar la vida y estar solo. Mucha gente se queda en el camino y otros ya no lo cuentan”, comenta Hoyos Pérez mientras permanece sentado atrás de una de las máquinas de coser que colocó al interior de su casa, ubicada en el poblado de Santa Ana Xalmimilulco, perteneciente al municipio de Huejotzingo, Puebla.

En este espacio de seis por seis metros, que conecta con las recamarás, la cocina y el baño, el señor de 38 años de edad y su esposa, Reyna Amaro Juárez, decidieron armar su taller para confeccionar varias prendas de vestir, en particular pantalones de mezclilla.

“Tener esta casa y el taller eran la ilusión de ir a Estados Unidos, el sueño que vamos, en su mayoría, a cumplir”, comenta el ahora director de Textiles Los Ángeles Fima, nombre que dio a su empresa después de lograr el “sueño americano”.

Fue en 2008 cuando cruzó la frontera por primera vez, dice el inmigrante mexicano, al recordar que los oficiales de migración lo sorprendieron en sus primeros dos intentos. “Una vez me agarraron sentado en el aeropuerto de Las Vegas y me regresaron por no tener papeles”.

Narra que la segunda ocasión fue detenido sobre la carretera de un pueblo llamado San Francisco y después lo trasladaron a Tucson, en Arizona, para volver a ser deportado a México.

Pero tomó de nuevo su pequeña maleta para emprender el viaje hasta llegar a New Jersey. Ahí lo recibió su hermana, un sábado de Gloria y en el desayuno del día siguiente habló con otros paisanos para buscar trabajo.

Así consiguió emplearse como jardinero en varias casas de esa ciudad estadounidense, con un salario de 11 dólares por hora y jornadas laborales de hasta 12 horas continuas. Sin embargo, la vida resultó aún más dura de lo que imaginó durante el año y medio que estuvo en Estados Unidos.

“Es difícil porque te invade la soledad, desde que sales de acá hasta llegar a tu destino”, insiste Hoyos Pérez, quien reconoció que padeció innumerables momentos de nostalgia a pesar de haber estado viviendo con su hermana, pues estaba lejos de casa y sentía temor al no ver a su familia.

“No me explico cómo hay gente que aguanta 20 años”, subraya. A la incertidumbre que genera este sentimiento se suman días de miedo ante la posibilidad de ser descubiertos por “la migra”, de estar a un país desconocido y ser deportados.

Por esta carencia, el mexicano regresó a su comunidad para estar con su pareja y tres hijos: Brandon, Quetzalli y Yazmín. Sus ahorros le permitieron cubrir algunos compromisos, pero fueron insuficientes y emigró una vez más en 2010.

Como era de esperarse, siguió el mismo camino hasta volver con su hermana, quien en esta ocasión intervino para poder conseguirle empleo de noche en una imprenta, en donde estuvo un año y dos meses.

Nadie lo detuvo y el sueño de progreso lo llevaron a construir su hogar en Santa Ana Xalmimilulco y darles una mejor calidad de vida a sus hijos. Incluso, indica, los “billetes verdes” que trajo le dieron la oportunidad de disfrutar una buena cena con su familia.

Recuerda que a Puebla llegó un viernes y dos días después había vuelto a su antiguo trabajo. Él no tenía tiempo para descansar y, sin dejar a un lado el sueño de crecer, más tarde aplicó para obtener un préstamo del gobierno federal y, de esta manera, emprender su propio negocio.

La decisión de instalar su propio de taller de costura es porque desde muy pequeño, al quedarse huérfano, comenzó a trabajar en las maquilas, pues en 70 por ciento de los habitantes de su localidad están dedicados a éstas.

Del Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) recibió un apoyo por 350 mil pesos para adquirir varias máquinas, entre ellas de codo, overlock, pretina, presilla, doble aguja y recta, y rollos de tela para iniciar su empresa en 2014.

“Hoy no queremos dejar que el barco se hunda, al contrario, la intención es seguir”, argumenta, al señalar que su empresa de textiles da empleo a cinco personas del poblado y espera ampliar sus instalaciones en los próximos cuatro años.

Tan solo en la pasada temporada de invierno confeccionaron cuatro mil prendas que pusieron a la venta en el mercado de Tepeaca, uno de los más grandes e importantes de esa región, y esperan fabricar más de dos mil piezas antes para la primavera.

El inmigrante resalta que su taller tiene capacidad de producir hasta dos mil prendas en una semana, pero “vamos paso a paso” y la meta es “crecer cada vez más y vender a otros lugares, e incluso exportar”.