
Los estudios dicen que el 95 por ciento de los hombres heterosexuales generalmente tienen orgasmos; los homosexuales, 89 por ciento, y las mujeres lesbianas, el 86 por ciento. Por su parte, las mujeres bisexuales y heterosexuales son las que menos alcanzan con un promedio inferior a 6 de cada 10.
Con respecto a la duración, las mujeres manifiestan que su sensación es más prolongada, tanto que puede alcanzar hasta los 15 segundos e incluso más; mientras que ellos apenas si bordean los 8 segundos, que es un tiempo estándar, pero habrá algunos más cortos e incluso otros más largos.
A la hora de saber en dónde ocurren los orgasmos, se puede decir que estos son esencialmente cerebrales, pues su presencia está asociada con las áreas del placer. De ahí que casi siempre se quiera más. Un orgasmo empieza en la corteza cerebral sensitiva, que lanza estímulos hacia la amígdala cerebral, el hipocampo, la corteza y el cíngulo, para que en conjunto estas partes procesen emociones, fantasías y las sensaciones que vienen de las vísceras, a fin de producir una explosión en todo el organismo.
Además, los orgasmos duran toda la vida y se pueden experimentar, incluso, por encima de los 90 años, siempre y cuando se le den rienda suelta a los estímulos y se mantenga el deseo.
Todo lo anterior es para decir que aumentar la frecuencia de los orgasmos resulta una tarea interesante y benéfica, dados los innumerables beneficios que se desprenden de esa corta erupción funcional, así que buscarlos y defenderlos es un buen propósito.
Procurarse más orgasmos genuinos debe ser un propósito pandémico. Hasta luego.
POR ESTHER BALAC





