Por: AFP
El arqueólogo Ibrahima Thiaw contempla desde una playa de Dakar las islas de la costa de la capital senegalesa. Junto a un pequeño equipo de submarinistas se apresta a partir a la búsqueda de los navíos naufragados hace siglos para recuperar la historia del tráfico de esclavos.
Entre el siglo XV y el siglo XIX miles de esclavos africanos pasaron por la isla de Gorea, un territorio minúsculo ubicado a cinco kilómetros de Dakar. Desde ahí comenzaba la espantosa travesía para llegar a América.
Allí, los hombres y mujeres serían vendidos como mano de obra esclava para las plantaciones y los barcos eran cargados con algodón, azúcar y tabaco para el Viejo Continente.
Según el arqueólogo senegalés, al menos tres barcos negreros desaparecieron en las cosas de Gorea en el siglo XVIII: “Nanette”, “Bonne Amitié” y “Racehorse”.
Si se encontraran los restos se podrían obtener nuevos datos científicos sobre el “comercio triangular”. Aunque se estima que cerca de mil barcos negreros naufragaron entre África y América, hasta ahora se han encontrado muy pocos restos.
Esto también permitiría abordar una cuestión que durante mucho tiempo ha sido un tabú en Senegal, aseguró el investigador.
“Los estigmas por la esclavitud (persisten) en nuestra sociedad moderna. Todavía hay poblaciones que son designadas como esclavas. Algunas de ellas incluso dirían con orgullo : ‘Sí, yo soy esclavo'”, plantó Ibrahima Thiaw.
“En Senegal hay un silencio en torno a esta cuestión. Ahora hay una madurez para que enseñemos a nuestros estudiantes y a nuestros niños a respetar a la gente de estatus diferente o que es considerada como inferior”, agregó.
El pasado de Senegal “reposa aquí”, en algún lugar entre Dakar y Gorea, explicó Thiaw tras haber recorrido varias millas a bordo de una lancha a motor acompañado de media docena de miembros de su equipo, compuesto principalmente por estudiantes de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar.
Vestido con un traje de buceo, el fornido arqueólogo verificó su magnetómetro, que le servirá para detectar objetos hundidos en el fondo marino y después se lanzó entre las olas de un color verde intenso de esta zona del Atlántico.
Una hora más tarde volvió decepcionado.
“Encontramos una carcasa grande de un navío moderno. No era lo que estábamos buscando”, explicó Thiaw, todavía mojado por el agua de mar.





