Por Sin Embargo
Quitó el pie del acelerador casi por completo al notar la presencia de dos patrullas frente a la escuela en la que recogería a su hijo de 10 años. En lugar de entrar al estacionamiento y esperarlo, Sara, de 43, continuó el trayecto hasta el siguiente semáforo. Luego vio más unidades policiacas; unas 10 en pocas cuadras, por lo que decidió frenar junto a una casa desconocida y, desde ahí, marcarle al niño para decirle dónde estaba y el motivo de la tardanza.
–No puedo estacionarme frente a la escuela porque ahí está la policía –le dijo por teléfono.
–Ya me está dando mucho miedo esto, mamá –le comentó él al subir al carro. “Yo creo que, ya si quieres, no nos traigas a la escuela”.
Eran las tres de la tarde del pasado lunes 20 de febrero en el desértico poblado de Montana Vista, ubicado al éste de la ciudad de El Paso, Texas, y caracterizado por el alto número de población mexicana.
Sara, juarense, casada y madre de dos, tiene ocho años de vivir con su familia en el otro lado de la frontera y apenas poco más de un mes de haber iniciado sus trámites de residencia. Fue un mal momento. Días después, Donald Trump asumió como nuevo Presidente de Estados Unidos y la vida en Montana Vista, dice Sara, se transformó por completo: el Condado de El Paso reforzó la presencia policiaca en esa zona y ahora, a todas horas, circulan el doble de patrullas. Cualquier infracción o falta vehicular es motivo de detenciones y éstas, desde la orden ejecutiva firmada por Trump el 25 de enero pasado, potenciales riesgos para que los agentes locales llamen a las autoridades de Migración.
“No deben hacerlo, pero por la orden ejecutiva, ahora está sujeto al criterio del agente”, dice Sara en entrevista telefónica.
El ambiente es de total zozobra en esa zona de la frontera texana, narra. Con su familia, desde el domingo pasado había dejado ya la casa sólo con sus documentos y la ropa para refugiarse con amigos en otra zona con menos vigilancia. Redujo también sus salidas a sólo su trabajo como empleada en diferentes casas y a la escuela por sus hijos. No más comidas en restaurantes ni visitas familiares ni cine ni aun domingos en la iglesia.
“Este mes fueron dados de baja 25 niños de la escuela”, dice. “No se habla de otra cosa en Montana Vista más que de eso: de la policía, que ‘cuídate’, que ‘dale por allá’, que ‘en tal parte hay un retén’, que ‘no le des por tal calle’, y termina la gente ya tan acorralada que ya mejor se van al desierto, y allá se esperan hasta que se acabe el retén”, cuenta.
‘EL PRESIDENTE NOS ESTÁ SACANDO’
El acecho de las leyes migratorias se intensificó estos días para millones de mexicanos que viven sin regularizar en Estados Unidos. Luego de que Trump firmara la orden ejecutiva denominada de “Seguridad Fronteriza y Mejoras a la Aplicación de las Leyes Migratorias”, el Departamento de Seguridad Nacional publicó el martes 21 dos memorandos para explicar las formas en la que sería aplicada.
Una de ellas, de acuerdo con un análisis de la agencia Associated Press, es el fin de las “Comunidades Seguras”, o política en la que diversas localidades, como El Paso, se reservaban la persecución policiaca de la violación a las leyes de migración, que son de jurisdicción federal. Ante este nuevo contexto, diferentes testimonios y reportes indican que la reacción de los connacionales ha sido evitar al máximo exponerse en las calles.
“El ambiente está muy tenso ahorita”, dijo el lunes 20 a este medio Germán Caballero, de 47 años y repatriado ese día a través del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México después de 18 años en Estados Unidos.
“La gente tiene mucho miedo y ya no quieren salir a manejar, porque, ahora, con una infracción de tránsito ya los van a levantar, y creo que la gente va a regresar”, agregó el migrante.
Como primeros en la mira quedaron los mexicanos con algún antecedente penal o infracciones aun mínimas, y que ahora están siendo acechados y detenidos por la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE, sus siglas en inglés) hasta en sus domicilios.
“Eran las 5:30, hace como un mes. Salgo de la casa, arreglo toda mi troca para ir al trabajo, con todas mis herramientas y, al momento de abrir el portón, ellos se meten”, narró Caballero.
“Yo no pensé que era migración, pero cuando me llama y me volteó, ya me muestra que es del ICE, y entonces ya me detiene y me dice: ‘tu has sido deportado”, agregó el hombre, que esa madrugada vio por última vez a su familia.





