
En varias calles del sector norponiente de Reynosa, el agua no necesita tormentas intensas para convertirse en amenaza. Basta una lluvia ligera para que vialidades como Lirio, Claveles y calles aledañas, de la colonia Lomas, Real de Jarachina Norte, en Reynosa, queden inundadas por aguas negras, una situación que los habitantes aseguran arrastrar desde hace más de 30 años.
“Vienen máquinas, trabajan un rato y parece que se despeja un poco el problema, pero con tantito que llueva, el agua se vuelve a estancar y todo se pierde”, relata Ana Casiano, vecina del sector. Explica que cuando ocurre una fuga en cuadras cercanas, el escurrimiento termina concentrándose en esta zona baja, provocando inundaciones recurrentes y malos olores.
El problema no solo afecta la movilidad, sino también la salud. Los residentes señalan la presencia constante de mosquitos, brotes de dengue y el riesgo de enfermedades gastrointestinales. “No se tolera ya vivir así”, mientras señala viviendas donde el agua entra directamente a los domicilios.
Las inundaciones han obligado a varias familias a dejar sus hogares. Una de las vecinas contó que su cuñada abandonó su vivienda hace aproximadamente dos años, debido a que el drenaje se desbordaba constantemente. Aunque la casa quedó deshabitada, la deuda continuó hasta que finalmente fue devuelta a Infonavit al no ser viable habitarla ni rentarla.
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Otros vecinos han optado por soluciones improvisadas: elevar el nivel de las puertas, construir pequeños desniveles o colocar barreras para evitar que el agua ingrese. Sin embargo, estas medidas solo mitigan parcialmente el problema. “Las casas no tienen alero y toda el agua que escurre de la calle se mete directo”, explican.
Especialistas y documentos técnicos señalan que Reynosa carece de un sistema integral de drenaje pluvial. Desde finales del siglo pasado, los proyectos de saneamiento se concentraron en el drenaje sanitario, dejando pendiente la infraestructura necesaria para desalojar el agua de lluvia. Como resultado, durante precipitaciones moderadas o intensas, el sistema colapsa y las aguas residuales salen a la superficie.
Durante los últimos 30 años, distintos niveles de gobierno han destinado cientos de millones de pesos a obras de reparación, rehabilitación y ampliación de redes de drenaje y agua potable. Tan solo en los últimos años, se han reportado inversiones estatales y municipales por decenas y hasta cientos de millones de pesos en sustitución de tuberías, reparación de colapsos y rehabilitación de calles afectadas por fugas y hundimientos.
No obstante, estas acciones han sido parciales y, en muchos casos, reactivas, enfocadas en atender emergencias y no en resolver de manera definitiva la falta de drenaje pluvial.
Por “El Mañana”





