
En los 50’s el racismo y la discriminación no la dejaron usar el vestido de novia de sus sueños
Por Redacción
Usar un hermoso vestido de novia es el sueño de cualquier mujer que está a punto de pisar el altar, pero para una mujer de color que vivió en los 50’s era más difícil.
Así como la historia de Martha Trucker, una mujer negra de Birmingham, Alabama quien en 1952 le impidieron la entrada a una tienda de novias simplemente por su color de piel.
Ella soñaba con usar un vestido blanco bordado con encaje superior y mangas largas, en ese entonces ni siquiera pasaba por su cabeza comprar un vestido de novia, pues sabía que no podría entrar a la tienda y no había en la ciudad una para personas de color.
“Si comprabas algo tenías que ir al sótano y conseguir cosas usadas”, contó.
Martha y su esposo se casaron en una ceremonia sencilla en la sala de un pastor. No tener una boda o un vestido tradicional es doloroso desde entonces: “Siempre me ha entristecido porque sentía que debería haber podido usarlo si quería”, agregó.
Casi 70 años después de su boda, su deseo se hizo realidad pues su familia la llevo a una tienda de novias para hacerle pruebas del vestido que tanto quería.
La idea surgió de su nieta Angela Stroizer que cuando veía la película “Un príncipe en Nueva York” la cual tiene una escena de una boda. Cuando le comentó a su abuela, ella dijo “Siempre he querido usar un vestido de novia. He estado esperando mucho tiempo desde que me casé”.
Agendaron una cita con una tienda de novia, ese día la maquillaron y la llevaron luciendo feliz y radiante.
Ya en la tienda habló sobre lo que tenía en mente para su vestido, se tomó en serio el proceso de selección, como cualquier novia en la prueba gratis.
Martha eligió un particular vestido en un maniquí y declaro: “Ese vestido tiene mi nombre”, al salir de los vestidores lo portaba con orgullo, era un diseño de encaje con pequeñas lentejuelas brillantes, cuello V y mangas transparentes y cuentas de cristal en la cintura. “Mi sueño se cumplió”, dijo al verse al espejo.
Todos al verla comenzaron a llorar, ella estaba feliz y fue un momento precioso, una experiencia que no tiene precio para su familia.
Martha ya con 94 años tiene cuatro hijos, once nietos, 18 bisnietos y un tataranieto





