Muchas veces es difícil reconocer el machismo. A menudo se camufla en comportamientos que parecen inofensivos. La cultura misma lo alimenta y hace que se transmita en pequeñas dosis cotidianas. Pero esas pequeñas dosis, sumadas, conforman toda una cosmovisión que sigue otorgándole un papel cuestionable a la mujer.
Ningún espacio de la vida diaria está a salvo del machismo. Es una conducta tan acendrada que se transmite y retransmite inconscientemente. La mujer enfrenta día a día insinuaciones o actitudes de discriminación que muchas veces pasan desapercibidas, pero que implícitamente la agreden profundamente.
“—Entonces, ¿por qué les pagaban menos? —Bueno chico, es obvio —dijo el panadero encogiéndose de hombros—. Son mujeres”.
-Juan Gómez-Jurado-
Aunque las mujeres han alcanzado derechos que antes no tenían, todavía falta mucho. Se sabe por ejemplo que en general ganan salarios menores. Y que en muchos trabajos tienen que probar una excelencia fuera de lo normal para obtener ascensos.
La calle también es uno de esos escenarios en los que muchas veces se libra una batalla de géneros. Hay ciudades en el mundo que debieron implementar transportes públicos exclusivamente femeninos para proteger a la mujer. En pleno siglo XXI esto es, por lo menos, preocupante. También hay otras formas de machismo cotidiano que vale la pena examinar y que enseguida te presentamos.
1. El machismo en la frase “Te hace falta un novio”
Esta frase tiene que ver con tus estados de ánimo. Si estás muy triste poco importa el porqué. La conclusión es que necesitas un hombre a tu lado. Se supone que las mujeres se ponen insoportables si no tienen un hombre al lado. Así que si estás preocupada, tensa o estresada, muchas veces te dirán “Lo que te hace falta es un novio”.
Esta frase en realidad encierra un componente muy agresivo. Plantea a la mujer como un ser “en falta” y concluye que lo masculino es todo lo que ella necesita para estar bien. Se trata de una de esas fórmulas que parten de la idea de que la mujer es el “sexo débil” y que necesita, sí o sí, de un hombre para ser feliz.
2. Tienes que cuidar tu apariencia, sino, ¿quién se va a fijar en ti?
Debes arreglarte siempre, tener un cuerpo armónico, lucir agradable. De lo contrario estás condenada a la invisibilidad. En otras palabras, a la inexistencia. Se asume de entrada que la belleza física es el único atributo que le otorga una presencia social a la mujer.
El problema de este tipo de afirmaciones es que esconden una amenaza muy agresiva que pasa desapercibida. Confinan el papel social de la mujer a la seducción. Minan la seguridad y el amor propio. Y reafirman la idea de que la mujer existe para gusto del hombre y no para ningún otro propósito.
“Se confina el papel social de la mujer a la seducción”
3. El día que te cases…
Es una frase que los padres, y muy especialmente la madre, le repiten incansablemente a sus hijas en ciertas culturas. Se habla de “El día que te cases…” como su destino final. En el fondo, lo que están afirmando es que su proyecto de vida debe apuntar al matrimonio. Y a ser la buena esposa de algún hombre.
Se supone que la mujer ya ha alcanzado un lugar importante en la ciencia, la política y la cultura. Sin embargo, es de verdad muy frecuente escuchar este tipo de frases en los hogares. Quizás piensan que otras mujeres pueden escalar hacia grandes posiciones, pero su hija o su hermana no.
4. Deberías ser más femenina
La adjudicación de los roles de género es un asunto cultural. No existe alguna ley biológica que indique que un hombre no pueda ser sensible, o que una mujer no pueda ser ruda. Simplemente las culturas han distribuido la delicadeza de este modo. Quizás para impedir que la mujer se subleve o confronte al hombre.




