“La historia se repite, primero como tragedia, después como farsa” Karl Marx.
El 5 de enero de 1905, el 22 de enero de 1972 coinciden en haber sido día domingo y porque ese preciso día también se llevo acabo una matanza, lo que los definió como “Domingo sangriento”.
El 19 de junio será recordado en nuestro país, como una fecha idéntica a aquellas, “el domingo sangriento de México” en el que tras un enfrentamiento en Nochixtlán, Oaxaca, seis personas murieron, 53 resultaron heridas y al menos 22 se reportan como desaparecidas.
Las tres fechas también tienen como común denominador ser conflictos sociales, el primero de corte social y económico, el segundo religioso y el último, de corte social y educativo. La tercia de eventos también es difícil de catalogar por la multitud de factores que los propiciaron y pro que son parte de un problema mucho mayor en cada contexto en el que se desarrollaron.
El caso que más nos importa, por su cercanía es el de Oaxaca, porque es un conflicto que deriva de la Reforma Educativa realizada hace casi dos años, que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se niega aceptar en líneas generales.
No es sencillo escribir del tema, porque más allá de la negativa a la evaluación o la defensa de derechos laborales, sin catalogarlos como justos o injustos, que argumenta la CNTE, también están insanas prebendas magisteriales como la de heredar las plazas de maestro a sus hijos, licencias con goce de sueldo para actividades que no tienen que ver con la academia, etcétera, etcétera.
Un punto importante es la aparición de la violencia y lo que se ve como un problema sin salida, ya que tanto autoridades educativas como los integrantes de la CNE mantienen posiciones intransigentes y alejadas de toda posibilidad de conciliación o entendimiento.
La mayor parte del magisterio en el país aceptó, acató y cumple con lo que impuso la Reforma Educativa, la CNTE, en los estados que controla como Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas se niega a hacerlo, continúan sus protestas y sus demandas lucen cada vez menos claras y entendibles para el grueso de la sociedad, que dicho sea de paso no tiene suficiente conocimiento del problema.
Aquí el gobierno no es el bueno, ni los maestros disidentes los malos, eso queda claro, hay matices, porque el tácito reconocimiento del titular de la SEP de reconocer que la Reforma Educativa fue también laboral, da mucha fuerza a los argumentos de los maestros, sin embargo, existen puntos que defienden los maestros que suena a prebendas abusivas que no goza ningún trabajador en México de cualquier otro sector.
Pero todo lo anterior no debe ser motivo de violencia, no debe ser caldo de cultivo para desestabilizar una región que tiene severos atrasos económicos, educativos, de salud y de infraestructura, pero lo está siendo debido a la cerrazón de ambas partes.
La pérdida de seis vidas humanos debe ser puesta en primera línea y deben obligar a las partes a sentarse a dialogar y resolver el conflicto a favor de la sociedad, no de los intereses de grupo, los niños deben volver a las aulas y los maestros a las escuelas, todos con garantía de que pueden desarrollar su labor sin temor a represalias, a abusos del sistema, pero tampoco a beneficiarse a costa de la población.





