26 Muertos y Quién Responde
David Brondo

En cualquier país con vocación democrática, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard deberían estar separados de sus cargos para responder por la tragedia de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, que el pasado 3 de mayo provocó la pérdida de 26 vidas humanas.

Como jefa y ex jefe del Gobierno de la CDMX, ambos cargan —o deberían cargar— sus respectivas cuotas de responsabilidad en ese siniestro sin precedentes y, si hubiera al menos un mínimo de decencia política, ambos se habrían separado de sus cargos desde el mismo día del siniestro.

Lejos de eso, la jefa de Gobierno y el Secretario de Relaciones Exteriores no sólo siguen en sus cargos, sino que ambos buscan afanosamente ser presidentes de México. A ojos vistas, sin rubor, como si no hubiera pasado nada, han desatado en forma prematura una carrera por el poder.

También sin rubor, ambos han hecho hasta lo imposible por deslindarse de la hecatombe del Metro y en ese afán han iniciado una guerra de baja intensidad en base a filtraciones, medias verdades y golpes bajos.

Los resultados finales de las investigaciones, sin embargo, podrían comprometer los proyectos de ambos personajes.

El informe final de la empresa noruega de Det Norske Veritas (DNV) confirman la hipótesis manejada en los días posteriores al colapso por especialistas y medios informativos: la causa fundamental del desplome fue una falla estructural en la construcción y en el diseño original.

Es decir, la construcción de la Línea 12 tuvo graves deficiencias de origen. Dos párrafos del resumen ejecutivo de DNV, una de las firmas más acreditas internacionalmente en peritajes, son incontrovertibles:

“Los resultados de los análisis indicaron que el colapso ocurrió como resultado del pandeo de las vigas norte y sur facilitado por la falta de pernos funcionales en una longitud significativa, lo que causó que parte del tramo elevado perdiera su estructura compuesta.

“Como resultado, la estructura compuesta estaba operando como dos vigas paralelas independientes, una viga de concreto y una viga de acero, que experimentaron condiciones de carga para las que no estaban diseñadas. Lo anterior creó condiciones que llevaron a la distorsión del marco transversal central y la iniciación y propagación de grietas de fatiga que redujeron aún más la capacidad de la estructura para soportar la carga”.

Ya en junio pasado, una investigación de The New York Times realizada en base de cientos de documentos, decenas de entrevistas y miles de fotografías del sitio del accidente había documentado las “graves fallas” en la construcción de la Línea 12.
La investigación del periódico subrayaba las prisas y las presiones de Ebrard, entonces jefe de gobierno de la CDMX, para que la Línea fuera inaugurada antes del término de su gestión.

Según el lapidario análisis del medio, el proyecto encerró un patrón de oportunismo político y obras descuidadas: “La premura condujo a un proceso frenético de construcción que empezó antes de que se completara un plan ejecutivo y produjo una línea del Metro con fallos desde el inicio”.

Si bien todo parece indicar que tarde o temprano Ebrard pagará un costo muy alto por el desastre, Sheinbaum no quedará indemne. El informe de la consultora DNV señala que el actual Gobierno de la CDMX “identificó la deflexión descendente significativa (de las vigas), a partir de una inspección en video realizada por drones en diciembre de 2019”.

Es decir, la actual administración sabía de la gravedad del problema. Quizá en prevención del vendaval, la jefa del Gobierno capitalino decidió curarse en salud y echar a Florencia Serranía de la dirección del Metro.

Los peritos noruegos, además, establecieron que el sismo de hace cuatro años —la esperanza de Ebrard y Sheinbaum— no tuvo nada qué ver con el accidente, pues la estructura ya se encontraba “en una condición comprometida antes del terremoto de 2017”.

Hace una semanas escribí que la tragedia nos debe llevar a replantear las responsabilidades y deberes de los funcionarios, de las constructoras y de todos los involucrados en los grandes proyectos. Debe ser también el punto de partida de nuevos paradigmas —ajenos a la corrupción sistémica y las políticas electoreras— para asignar y ejecutar la obra pública.

¿Quiénes son los responsables del desastre? ¿Ebrard y sus colaboradores? ¿Sheinbaum y su equipo de trabajo? ¿Los consorcios responsables de la construcción: Carso, ICA y la francesa Alstom?

Los políticos juegan al olvido. No olvidemos. Hay miles de millones de pesos en daños. Nada comparado con las vidas humanas perdidas, las decenas de heridos y el dolor de las familias de las víctimas. Hay 26 muertos, pero Sheinbaum y Ebrard siguen su rumbo, mantienen su guerra insultante y no cejan por nada: puntean en las encuestas rumbo al 2024.

Galerín de Letras

Cuando el país aún resentía el impacto del huracán “Grace” en Veracruz, las lluvias torrenciales en Hidalgo que provocaron el desbordamiento del río Tula y destruyeron la ciudad del mismo nombre y dejaron una ingrata estela de muerte vinieron a recordarnos que siempre se puede estar peor. Urge restituir el Fondo Nacional de Desastres (FONDEN) que la ceguera de este gobierno y sus planes irracionales de austeridad hicieron desaparecer el año pasado.

Twitter: Dbrondo